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MI BARRIO. Rosa Serrano Martín, 1ª parte.

Los alumnos y alumnas de la Escuela de Adultos del C. Cívico Alhóndiga suelen hacer trabajos recopilando sus recuerdos y anécdotas. Al tiempo que ejercitan la memoria van escribiendo páginas de la vida del barrio que nosotros gustosamente compartiremos en esta historia común.

Nos ha llegado una de esas historias, Rosa Serrano Martín es la autora. Este texto, escrito en el año 2003 de forma sencilla y espontánea, abre el camino a otros que vendrán después. Al publicarlo queremos transmitiros la idea de que todos y todas tenemos algo que contar y con ello ayudamos a construir la Memoria de La Alhóndiga.

Con el consentimiento de la autora hemos hecho un resumen de su escrito, aún así y dado la extensión del mismo, lo hemos dividido para que sea más ameno. Esperamos que os guste y despierte en los lectores recuerdos, añoranzas y ganas de compartirlas.

MI BARRIO. Rosa Serrano Martín.

Getafe, un día cualquiera del dos mil tres.

En el año mil novecientos sesenta y nueve, tras muchas penurias, compramos nuestro pisito: pequeño pero mío, solamente mío. Como todos los jóvenes de la época tuvimos que comprar nuestra casa en los pueblos de la periferia de Madrid. Yo elegí Getafe, el barrio de la Alhóndiga: el barrio más bonito de Getafe, lo es para mí. En ese tiempo todos los pueblos de las cercanías de Madrid fueron el refugio de los españoles que no teníamos medios,  Getafe no fue la excepción.

Hasta que se construyó la plaza de Tirso de Molina, el descampado era una zona de paso en la que se tendía la ropa al sol y los niños, con sus juegos,  protagonizaban mil y una historias infantiles. Foto: Archivo Adela Sánchez Cuevas

Hasta que se construyó la plaza de Tirso de Molina, el descampado era una zona de paso en la que se tendía la ropa al sol y los niños, con sus juegos, protagonizaban mil y una historias infantiles.
Foto: Archivo Adela Sánchez Cuevas

La vida me estaba gustando cada día más. Estaba casada desde el sesenta y cinco y tenía a mi hijo mayor, Marcelo, que tenía tres años y medio. No teníamos un duro, pero éramos  jóvenes y nada nos detenía, todo eran ilusiones y sueños por cumplir. Las gentes que llegamos a Getafe casi todo éramos jóvenes parejas y teníamos muchas cosas por hacer. Sobre todo teníamos sed de libertad.

En el sesenta y nueve los barrios como Las Margaritas, los pisos del sindicato, San Isidro, El Bercial y la Alhóndiga eran los barrios en crecimiento  por la llegada de la emigración. Este pueblo se componía de cuatro casas bajas y el barrio de Juan de la Cierva. De todos estos barrios La Alhóndiga es diferente a todos los demás. No sé si es la situación, sus gentes, tal vez el aire: aquí se respira mejor, yo así lo siento.

Cuando llegamos aquí, las calles no tenían aceras hechas, las casas estaban todavía húmedas, los autobuses venían cuando querían, no teníamos tiendas para comprar ropa, comestibles, bares… En fin, todo era nuevo, todo en él lo era.  Poco a poco el barrio fue tomando forma y empezó a marchar.

En el setenta yo tuve otro bebé, mi Santi, que llegó en mayo. Y en septiembre del setenta y uno llegó mi José Miguel, el pequeño de mis hijos. Y es curioso: el último en llegar fue el primero en marcharse. Lo perdí el catorce de diciembre del dos mil uno. Dios se lo llevó de mi lado.Así las cosas, con tres hijos y nosotros dos, las cosas se complicaban. Mi marido Santiago se dedicaba a la venta ambulante en los rastrillos, pero no era suficiente para todos. Entonces, cerca de mi portal quedó libre un local pequeño, pero a mí me venía muy bien y pusimos una tienda de confecciones.  Las cosas empezaron a marchar mejor y yo conocía bastante gente en el barrio al tener la tienda.

En el setenta y dos mi barrio tenía una ermita vieja que se estaba cayendo. Era lo único viejo del barrio, pero todos nos encontrábamos tan a gusto dentro de ella, lo mismo que el buen padre Rufino. Los dos estaban maltrechos, pero nosotros les queríamos mucho a los dos.

Desde que puse la tienda en el setenta y dos pude tomar contacto con las gentes que ya estaban trabajando en el barrio. Nuestro cura Don Rufino se encontró de pronto con un montón de gente de distintas regiones de España, cada uno tenía sus costumbres. En el pueblo los domingos se trabajaba, pero al llegar aquí los hombres, sobre todo los domingos, se metían en los bares y allí estaba el buen cura Rufino: si la montaña no viene a Mahoma, Mahoma va a la montaña. Así tomaba contacto con los hombres de su parroquia. Allí se enteraba de quién tenía trabajo y quién no, así consiguió su rebaño. Don Rufino reunió un grupo de vecinos y colaboradores de la parroquia. Con Julián y Concha Sainero, Justo y Marisa, nuestra pequeña María la monja, las catequistas Jacinta, Mariluz y Genoveva, Ramón y otras gentes del barrio.

[Continuará…]

Texto: Rosa Serrano Martín

Foto: Archivo de Adela Sánchez Cuevas

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3 comentarios el “MI BARRIO. Rosa Serrano Martín, 1ª parte.

  1. muchas gracias por buestra informacion de mi aportacion, con todo mi cariño os dedico esta poesia:

    en el barrio de la alhondiga,se crian hombres de bien y mujeres muy hermosas,que son como abuelas de ayer,este barrio, era una huerta pero de ricas personas, donde todos se ayudaban, dondé nunca hubo diferencias, ibamos todos a una, defendiendo nuestro pan, nuestra agua, y los trabajos, que junto con don rufino, nuestro pequeño curita extremeño, luchamos por los derechos, de nuestro barrio y nuestro pueblo,getafe del cinturon el mas bello, ya se que es rara pero de mi corazon sale aquello, qué en mi alma siento, si alguno no estais de acuerdo, estais en vuestro derecho, pero entender mi postura, mi barrio es todo mi centro

    besos chicas paco amalia olvido, nector y todos los demas que estais en esto, gracias.

    • Gracias Rosa por tus palabras de cariño hacia el barrio. Besos también para ti de parte del equipo.

  2. Leyendo la historia de Rosa, recuerdas lo duro que fueron los primeros pasos de nuestros padres o abuelos en una ciudad distinta a sus lugares de nacimiento. Distinto tipo de pisos, de gente… , en resumen, un nuevo tipo de vida que fue el germen de nuestro barrio La Alhóndiga.

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