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MI BARRIO. Rosa Serrano Martín. 3ª parte.

Don Rufino y los curas de San Rafael

Retomo otra vez la parroquia. Todos nos dimos cuenta de la clase de cura que teníamos. Don Rufino. Ese extremeño que se le salía el corazón por las sandalias. No le importaba que los desocupados del barrio le criticaran porque frecuentara los bares. Él sabía lo que se traía entre manos. Su preocupación principal era que sus vecinos tuviesen un trozo de pan para sus hijos. Que le buscaban porque se moría alguien, a lo mejor no estaba. Después de todo, esa persona ya no necesitaba nada, los vivos sí. Que tenía una boda y llegaba tarde, seguramente que estaba reunido con alguien para que le diesen trabajo a un vecino. Que la boda esperase, los niños cuando tienen hambre no esperan. Lo más importante para él eran sus feligreses. Don Rufino ante todo era un buen hombre, un caballero, un ser humano como la copa de un pino y después, cura.

Bueno, pues este cura estaba decidido a conseguir que la ermita fuese restaurada, pero los gobernantes de la época no estaban por la labor. La declararon patrimonio artístico del barrio. Pero sí sí, no sabían con quién se estaban metiendo los políticos de la época. Se formó una comisión de vecinos del barrio para ir a la vicaría de Madrid, con Don Rufino al frente, claro está. Después vino el vicario al barrio, nos daba muy buenas palabras, pero hechos ninguno. Pero nosotros erre que erre. Por fin, un buen día se nos dice que la ermita será reconstruida por fin. ¡Qué alegría tan grande! pero ellos no soltarían ni un duro. Bueno, pues se formó un grupo para recoger dinero para cuando se empezase a construir la vieja ermita. Todos los vecinos colaboramos en lo que pudimos. Todavía recuerdo la última Navidad que oímos la Misa del Gallo con los paraguas abiertos dentro de la ermita. Pero qué felices estábamos todos. Recuerdo que después nos fuimos al despacho de la calle Estudiantes y todos juntos celebramos la Nochebuena. Bailando y cantando villancicos.

Finales de la década de los 80.  Curiosa imagen de un día de lluvia en Getafe. Las filtraciones originadas por el pésimo estado del tejado de la ermita de San Rafael, hacen necesario celebrar la Eucaristía bajo el cobijo de los paraguas. Foto: Archivo fotográfico C.C. Alhóndiga

Finales de la década de los 80.
Curiosa imagen de un día de lluvia en Getafe. Las filtraciones originadas por el pésimo estado del tejado de la ermita de San Rafael, hacen necesario celebrar la Eucaristía bajo el cobijo de los paraguas.
Foto: Archivo fotográfico C.C. Alhóndiga

Entre tanto nos llegó otro cura más joven. Se llamaba José Manuel y era un tío estupendo, como cura y como persona. Si Don Rufino era chiquitito, José Manuel era un hombre grande, fuerte y muy simpático y cordial. Muy buena gente. En ese tiempo Don Rufino se puso pachucho y después de varios ingresos Don Rufino, el pequeño extremeño, el cura de los pobres, el cura del pueblo, del barrio de La Alhóndiga, nos dejó. Todos le lloramos. El fervor de ese día no lo olvidaré nunca. El respeto y el cariño del barrio salió a la calle y todos juntos le lloramos unidos. Lo mismo que vivimos con él, también lloramos su ausencia. Descanse en paz el pequeño extremeño.

José Manuel se quedó solo, pero en ese tiempo que llevaba con nosotros también se hizo querer por todos. Yo tuve la suerte de tratarle bastante. Muchos días desayunábamos juntos en La Perdiz. Tenía un cochecito rojo pequeño con el que se movía de un lado a otro. Daba clase en el instituto, recorría todos los domingos a sus viejitos como él decía, las daba la comunión y se venía a desayunar. Me contaba cosas entrañables que ellos le contaban, también le contaban sus chistes. Recuerdo un día que detrás de él entró un chico joven más bajo que él y con barba, muy tímido. Me le presentó: “Mira Rosa, éste es Víctor, mi nuevo compañero”. El pobre Víctor estaba cortadísimo. “Encantada de conocerte, Víctor. Pero no seas tímido, hombre, que estas entre amigos”. José Manuel se estaba partiendo de la risa. Un nuevo y joven sacerdote, pero tan comprometido como los anteriores, llegaba a la parroquia.

Continuará…

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2 comentarios el “MI BARRIO. Rosa Serrano Martín. 3ª parte.

  1. Qué bonita es la historia contada por el pueblo, además de ser distinta a la contada en los libros, la mejor es la oída y escrita por las personas que vivieron ese momento, como tú Rosa. Muchas gracias !!!

  2. muchas gracias anonimo puedo jurar que todo lo que cuento fue tan real
    como que me llamo rosa serrano martin y sigo viviendo el mi viejo barrio qué tanto quiero, donde fuy muy feliz y muy desgraciada si me conoces sabes que no miento,pero quiero decir algo que creo quñe es justo, me encantaria que julian y concha sainero tubiesen su omenage a traves de alhondiga de la memoria ellos son los angeles custodios de este barrio, realmente en Getafe hay mucha gente entre 40 y 50 años que hiciero de este barrio, un barrio pobre, el mejor barrio de la alhondiga, hoy estan repartidos por todas partes y de los mayores como yo, unos ya se fueron y otros, cogieron el camino sin final, de todas formas gracias a todos los que podais aportar algo interesante implicaos que merece la pena, arriba siempre mi alhondiga un abrazo para todos los que haceis posible, este trabajo muchisimas gracias y animo t como ya os dije contad conmigo para lo que gusteis mandar Rosa serran martin.

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