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La faceta artística de Manuel de la Peña. Manuel de la Peña Ballesteros

Hoy voy a hablar de la faceta artística de Manuel de la Peña.

Mi padre, además de ser profesionalmente delineante proyectista, estudió en la escuela de bellas artes y fundó, al poco tiempo de llegar a Getafe, una asociación artística con varios artistas getafenses, de los que en estos momentos sólo recuerdo a los hermanos Luis y Carlos Mejías y al poeta y filósofo Víctor Manuel Muñoz.

Texto de la imagen: "Su Alteza Real el Príncipe de España observa y acepta, de manos del alcalde, el pergamino que, para esta audiencia, confeccionó Manuel de la Peña" A la izquierda del entonces Príncipe de España, el alcalde Félix Cervera Cifuentes que ejerció como tal desde el 28 de mayo de 1971 al 6 de diciembre de 1973.

Texto de la imagen: “Su Alteza Real el Príncipe de España observa y acepta, de manos del alcalde, el pergamino que, para esta audiencia, confeccionó Manuel de la Peña”
A la izquierda del entonces Príncipe de España, el alcalde Félix Cervera Cifuentes que ejerció como tal desde el 28 de mayo de 1971 al 6 de diciembre de 1973.

 

Lo que si recuerdo de esa época es que se conservan en casa de mi madre, mi casa también, varios cuadros pintados por mi padre, en los que sus trazos claramente dejan ver el alma de delineante que siempre tuvo.

Había además un cuadro pintado por Carlos Mejías, el cual siempre me llamó la atención por representar “el espíritu de una mosca” y una escultura tallada en madera, especialidad de los Hermanos Mejías, que representaba a dos mujeres abrazadas la cual desapareció de mi casa hace ya mucho tiempo, que nunca olvidaré.

Pergamino realizado por Manuel de la Peña.

Pergamino realizado por Manuel de la Peña.

De Manolo Muñoz recuerdo las bromas que me hacía dándome un pellizco en la tripa, me decía que yo era un aparato de radio, y que tenia que funcionar, bromas de un poeta y filosofo.

Pero a mi modo de ver, donde mi padre destacó como artista fue en el dibujo a plumilla y filigrana. Y para muestra un botón, aquí os envío un pergamino que me hizo y guardo en casa y un pergamino hecho por mi padre que entregó la corporación de Getafe al Rey.

Manuel de la Peña Ballesteros.

 

 

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ALHÓNDIGA. Pedro M. Tielve Cedillo

Pedro Manuel Tielve vuelve a evocar aquellos años pasados de nuestro barrio. Esta vez lo hace en forma de poema y en sus versos deja constancia de su inmenso amor por el barrio que le vio crecer y al que, pasado el tiempo, ha vuelto para seguir disfrutando de su querida Alhóndiga.

 

La familia Tielve Cedillo tomando el sol en un lateral de la calle Eugenio Serrano. La foto no tiene buena calidad pero evoca lo escrito por el autor en este entrañable poema. Foto: Archivo Pedro M. Tielve. Año 1965.

La familia Tielve Cedillo tomando el sol en un lateral de la calle Eugenio Serrano. La foto no tiene buena calidad pero evoca lo escrito por el autor en este entrañable poema.
Foto: Archivo Pedro M. Tielve. Año 1965.

 

Alhóndiga (Poema a la Alhóndiga de mis años de niño)

 

Alhóndiga, cómo no,

sigo viviendo contigo,

contigo, me hago mayor,

pero al llegar el invierno,

me visitan los recuerdos,

de un tiempo que ya  pasó,

con mis seres más queridos,

que no habitan el olvido,

que están en mi corazón.

 

Y aunque mucho hayas cambiado,

Alhóndiga, para mejor,

yo añoro, de qué manera,

cuando solo era un chaval,

tu casi sin asfaltar,

yo, todavía en la escuela.

 

Alhóndiga, te recuerdo,

con tus sábanas al sol,

en largos palos enhiestos,

y también al lañador,

que arreglaba los pucheros,

y paraguas, y al lechero,

y aquel peculiar tractor,

que bajaba al vertedero.

 

Alhóndiga de aquel tiempo,

que no había televisión,

de seriales en la radio,

del brasero de picón,

del potaje de cuaresma,

y la placa de carbón.

 

Alhóndiga, la niñez,

y los días de colegio,

y los pasos a nivel,

y vacaciones al pueblo.

 

Alhóndiga, que a la tarde,

en los meses del estío,

se escuchaba el griterío,

de los niños al jugar.

 

Mientras tanto que sus padres,

reposando su tarea,

se sentaban a la puerta,

de sus casas a charlar,

sobre sus sillas de enea.

 

Alhóndiga campesina,

que ofrecías el sosegado,

el paseo relajado,

por tus grandes explanadas,

en las tardes soleadas,

del caluroso verano.

 

Y al llegar la primavera,

bajo un cielo soleado,

por las estrechas veredas,

¡qué agradable era a la vista!

el verdor de tus sembrados,

desde el cerro Buena Vista.

 

Alhóndiga, ¡qué recuerdos!

todos gratos y entrañables,

tus vecinos y tus calles,

tus terrizos y explanadas,

donde de niño jugaba,

en las horas vespertinas,

Alhóndiga en mi retina,

siempre te llevo grabada.

 

Pedro M. Tielve

Getafe 19 de marzo de 2.014.

 

 


 

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EL TIO PERRA CHICA. El duende ignorante

Hoy 14 de abril se cumplen 83 años de la proclamación de la II República. En aquel tiempo la Alhóndiga apenas contaba con algunas casas y se conocía como el Barrio de Barrachina. Nos ha llegado un texto, que por su interés publicamos porque, sabiendo como se las gastaban los vecinos de nuestro barrio, es muy posible que alguno participara en la “celebración” que se organizó en aquellos días de 1931. No entramos en juzgar los hechos, nos interesa más conocer la historia de aquel humilde personaje y reparar el daño que le ocasionó su osadía.

Vaya desde aquí nuestro recuerdo a uno de nuestros vecinos.

Fachada del antiguo ayuntamiento de Getafe.  En primer plano el balcón al que hace referencia el texto que acompañamos. La imagen es de los años 60 pero el edificio es el mismo que se cita.

Fachada del antiguo ayuntamiento de Getafe.
En primer plano el balcón al que hace referencia el texto que acompañamos. La imagen es de los años 60 pero el edificio es el mismo que se cita.

Esta es una crónica del tiempo de la segunda república y está basada en hechos reales, para no vulnerar el derecho a la intimidad, se han cambiado los nombres, eso sí, siempre ajustándose a los hechos según los relatos de nuestros mayores.

EL TIO PERRA CHICA

Getafe, 14 de abril de 1931. Acababa de proclamarse la segunda república, la gente estaba eufórica y se aglutinaba en la plaza del Ayuntamiento, las señoras acudían en grupos a la plaza y se concentraban vociferando cánticos a favor de la república y en contra de la monarquía.

Algunos tomaron el Ayuntamiento y, desde el balcón de la primera planta, lanzaron todo tipo de objetos, entre los que se contaban los cuadros con la foto de la efigie de Alfonso XIII y todas aquellas cosas que, de alguna manera, recordaban cualquier tiempo pasado relativo a la monarquía.

Enseguida vieron las amas de casa allí concentradas, la forma de darle utilidad a los gruesos y doraros marcos de las fotos. Había mucha necesidad y la gente se los llevaba pensando que serían un buen combustible para sus fogones.

La euforia se hizo patente en todos los sectores.

Cuando Juan, nuestro protagonista, supo que la República defendía la jornada de trabajo de 8 horas diarias y animaba a los ciudadanos para que denunciaran aquellos casos de explotación que se saltaran la norma, denunció a su patrón y el asunto acabó en los tribunales.

Quiso que se hiciera justicia con él. Desde muy joven, trabajaba de gañán, de sol a sol, las tierras y huertas de su patrón.

Celebrado el juicio, no tardó mucho en salir la sentencia favorable a Juan.

El Juez estimó que su patrón debía indemnizarle con 3.500 pesetas por la diferencia de horas trabajadas, en concepto de horas extraordinarias. -Una pequeña fortuna en aquellos tiempos para la maltrecha y ajustadísima economía de la familia de Juan-.

Juan se sintió feliz, y, con el ánimo por todo lo alto, volvió a su casa, abrazó a Dolores, su esposa, e hicieron planes para gastar el montón de cuartos de la indemnización.

Pero como dice el dicho “poco dura la alegría en la casa del pobre”, pronto, muy pronto, se vería víctima de un buen calvario a cuenta de este asunto.

Cumplido el término del tiempo para recursos, la sentencia de hizo firme y el juez ordenó su ejecución. En 8 días su patrón debería entregarle las 3.500 pesetas.

Juan fue a casa del patrón el día acordado y a la hora señalada.

El patrón era de ese tipo de gente es mala y vengativa y al saberse obligado sin más remisión al pago de la indemnización, no hizo otra cosa que conseguir las 3.500 pesetas en monedas de cinco céntimos, (perras chicas).

Cuando Juan llegó a cobrar su indemnización se encontró con un saco que contenía las 3.500 pesetas en monedas de cinco céntimos y al déspota de su patrón invitándole con toda la malicia y chulería que os podéis suponer a llevárselo, eso sí, previo su recuento. “¡cuéntalo! -le decía con perversa inquina-, ¡cuéntalo!, ¡no vaya a ser que falte algo!”.

Evidentemente Juan, -abatido por rabia-, no quiso contarlo, no quiso darle el gusto a su patrón de proporcionarle un placentero y ridículo espectáculo-, pero tampoco pudo llevárselo en aquél primer encuentro. Tuvo que volver a su casa y regresar más tarde pertrechado de una carretilla, en la que cargó el dichoso saco. -no sabemos si después llegó a contarlo-.

Cuando llegó a su casa, se encontró a Dolores llorando. –a Dolores le había dado tiempo a reflexionar sobre aquella maliciosa forma de pago y sopesar las consecuencias-.

Ni que decir tiene, que a partir de aquella sentencia, los demás patronos se confabularon para negar el trabajo a Juan y a cualquiera que osara reivindicar justicia en materia laboral.

El calvario empezó en los días siguientes, cuando Dolores, acompañada de marido, iba a realizar las compras de suministros para la casa. Al verse obligada a pagar todo con las monedas de cinco céntimos, enseguida comenzaron los rumores y pronto pusieron a Juan el mote de “el tío perra chica”.

La señora iba a comprar huevos, pues allá soltaba su “puñao” de perras chicas; que compraba carne, pues otro “puñao” y así, tuvo que pasar el vergonzoso calvario de tener que soportar a diario las sonrisas maliciosas y los comentarios y rumores de sus convecinos.

Como pudo, con parte de aquel dinero, -ignoro si consiguió cambiar parte de aquella calderilla en algún banco-, compró un solar en la calle de Leoncio Rojas, en la que inició la construcción de una pequeña chabola de adobe, edificación que nunca terminó por la falta de ingresos al no tener trabajo.

Esto, tan gracioso para el patrón, marcó la vida de Juan, quien tuvo que irse de Getafe a buscar trabajo en otras zonas agrícolas.

Perdimos injustamente a un buen vecino y un buen hombre.

Como veis no todo fue bonito en Getafe.

No he querido reflejar los nombres de los patronos porque sus familias aún siguen viviendo en Getafe y este humilde cronista, al contrario que aquel patrón, no quiere hacer pasar vergüenza a nadie.

 

El duende ignorante.

14 de abril de 2014

 

 

 

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“EL TOSTONERO”. Amalia Pascual

Segundo Mateo Gómez, más conocido como “El Tostonero”, nació en Getafe en 1924, hijo de una getafeña, Felisa Gómez. La familia cree que vino al mundo en la calle Castilla, aunque no lo han podido confirmar ya que, en aquellos años de penurias, la familia Mateo Gómez cambió varias veces de domicilio.

A mediados de los años 50 contrajo matrimonio con Carmen Rodrigo “La Maña” naciendo, de esta unión, sus dos hijos: Eduardo y Miguel Ángel. A principio de los años 60, la familia se traslada a la que sería su residencia definitiva en el barrio de La Alhóndiga.

Segundo, con Carmen su mujer (la segunda empezando por la derecha) junto a unas vecinas en la Pza. Tirso de Molina. Imagen tomada a mediados de los 80. Foto: Archivo Familia Mateo Rodrigo.

Segundo, con Carmen su mujer (la segunda empezando por la derecha) junto a unas vecinas en la Pza. Tirso de Molina. Imagen tomada a mediados de los 80.
Foto: Archivo Familia Mateo Rodrigo.

Segundo trabajó toda su vida en John Deere, entrando en la empresa cuando ésta se llamaba aún Lanz Ibérica. La venta de los tostones proporcionaba un dinero extra a la familia a la vez que un delicioso entretenimiento para los compradores que adquirían este producto ya fuera en la puerta de sus casas, sentados en la terraza de un bar, en el campo de fútbol mientras veían las hazañas del Getafe Deportivo…

Imagen tomada en los años 60 en la Plaza General Palacio. A la derecha de "el tostonero" podemos ver a "Campillo", otro vecino de la Alhóndiga muy popular en todo Getafe gracias a su gran labor como fotógrafo. Foto: Archivo Familia Mateo Rodrigo.

Imagen tomada en los años 60 en la Plaza General Palacio. A la derecha de “el tostonero” podemos ver a “Campillo”, otro vecino de la Alhóndiga muy popular en todo Getafe gracias a su gran labor como fotógrafo.
Foto: Archivo Familia Mateo Rodrigo.

Segundo recorría Getafe anunciando los torraos traídos desde Borox, aunque lo cierto es que era en la vecina Vallecas donde se aprovisionaba de los ricos garbanzos tostados. La taberna de Lino en la calle Leganés le servía de centro de avituallamiento, allí acudía a llenar su cesta de mimbre cada vez que se vaciaba y una vez hecha la carga, vuelta a comenzar.

En la puerta de esta conocida taberna está tomada una de las fotos que acompaña esta pequeña biografía. La imagen es la típica de los amigos que se encuentran a la hora de tomar el chato de vino o la limonada tan famosa del mencionado establecimiento. Junto a Segundo, inconfundible con su cesta de mimbre, podemos ver a Andrés Díez Fernández, al resto de los protagonistas no hemos podido identificarlos.

Imagen tomada en la puerta de la recordada "Casa Lino" que estuvo situada en la calle Leganés y cercana a "Los Escolapios" Foto: Archivo Familia Mateo Rodrigo.

Imagen tomada en la puerta de la recordada “Casa Lino” que estuvo situada en la calle Leganés y cercana a “Los Escolapios”
Foto: Archivo Familia Mateo Rodrigo.

Valga esta pequeña publicación como homenaje a uno de los personajes populares de nuestro pueblo y que vivió gran parte de su vida en nuestra querida Alhóndiga. ¡Cómo nos hubiera gustado recoger anécdotas de primera mano!

Segundo falleció en 1996, a la edad de 72 años, Carmen, su viuda, continúa viviendo en su casa de La Alhóndiga.

Nota: Reseña realizada gracias a los datos aportados por Eduardo Mateo. Texto de Amalia Pascual

Una característica de Segundo Mateo era su gran afabilidad. Buena prueba de ello es esta imagen en la que le rodean grandes y pequeños, está tomada en los años 60 pero no sabemos el lugar. Foto: Archivo Familia Mateo Rodrigo.

Una característica de Segundo Mateo era su gran afabilidad. Buena prueba de ello es esta imagen en la que le rodean grandes y pequeños, está tomada en los años 60 pero no sabemos el lugar.
Foto: Archivo Familia Mateo Rodrigo.

 

 

 

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La Ermita. Pedro M. Tielve

 

Pedro Manuel Tielve vuelve a deleitarnos con sus recuerdos. Esta vez su evocación llega en forma de poema dedicado a la vieja ermita de San Rafael, que tantos recuerdos nos trae a la memoria a todos los que la conocimos.

Ermita-b-y-n

La vieja ermita de San Rafael en una imagen de finales de los años 80. Foto: Archivo Julián Sainero.

 

 

LA ERMITA.

(Dedicado a la ermita de San Rafael Arcángel)

Recuerdo aquella ermita,

que compartió esos tiempos,

de gran necesidad.

Cuando éramos pequeños,

y albergábamos sueños,

de mayor libertad.

 

 Era una humilde ermita,

y humilde el vecindario,

era gente sencilla,

pero aun la recuerdo,

que dejaron sus pueblos,

para formar el barrio.

 

 La ermita era pequeña,

tal vez sin gran encanto,

mas, ¡que gratos recuerdos!

que el tiempo no ha borrado,

la misa de domingo,

cuando yo era niño,

con mi madre a mi lado.

 

 La ermita, con el tiempo,

vio aquel barrio ensancharse,

se construyeron pisos,

celebraron bautizos,

y asfaltaron sus calles.

 

 Contempló aquella ermita,

el clamor popular,

eran tiempos de cambio,

y las gentes salían defendiendo su pan,

defendiendo el salario,

gritando libertad.

 

 ¡Cómo estaba la ermita

con el paso del tiempo!

sus paredes pintadas,

medio desvencijada,

con goteras por dentro.

 

 Y así fue que la piqueta,

acabó con esa ermita,

esa ermita tan chiquita,

tan chiquita y tan discreta.

 

 Hoy se levanta en la plaza,

en ese mismo solar,

una parroquia más bella,

que es más alta y más esbelta,

que la que tuvo lugar.

 

 Pero sé que mientras viva,

yo guardaré en mi diario,

mientras Dios me lo permita,

el recuerdo de esa ermita,

y de aquel humilde barrio.

 

 Pedro M. Tielve

Getafe 17/02/2014

 

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Calle Buenavista. Manuel de la Peña R. Martín

Mucho ha cambiado el barrio de la Alhóndiga desde que Manuel de la Peña, cronista oficial de Getafe, recogiera en sus libros “Las calles tienen su historia” tomos I y II, la historia de algunas de nuestras calles. Aun así nos ha parecido interesante recoger en nuestro blog lo escrito por el autor en aquellos años ya que forma parte de nuestra historia e, igualmente, ayudará a situarnos en lo que fue el barrio y los cambios que se han producido hasta la fecha.

Vaya desde aquí nuestro agradecimiento póstumo al autor ya que, gracias a sus libros, podemos conocer la historia y costumbres de nuestro querido Getafe.

Detalle de una de las placas de la calle Buenavista. Foto: Manuel García Gutiérrez.

Detalle de una de las placas de la calle Buenavista.
Foto: Manuel García Gutiérrez.

Calle Buenavista

Se sitúa en el antiguo barrio de Barrachina, más conocido por La Alhóndiga, entre las calles de Alonso de Mendoza y Ferrocarril, siendo una de las más importantes del barrio, hasta la obra de peatonalización de la primera citada. En tiempos se aireó su nombre con motivo del contencioso de la galería de alimentación “Lope de Vega”, ya que una de sus fachadas da a esta calle.

El nombre lo obtuvo gracias a su orientación, ya que mirando hacia el oeste se divisaba el cerro Buenavista, también llamado Cabeza de Getafe, donde se ubican los depósitos del agua del Canal de Isabel II y anteriormente los del Ayuntamiento, que eran alimentados por los pozos abiertos en sus cercanías a través de grupos moto-bombas y desde allí se canalizaba el agua hacia las fuentes de Getafe. Tras la construcción de los bloques que componen el barrio de Fátima, se interrumpió  por completo la visión del célebre cerro.

La calle Buenavista en la actualidad. Foto: Amalia Pascual Durá.

La calle Buenavista en la actualidad.
Foto: Amalia Pascual Durá.

La construcción de los colegios “Francisco Franco” y “Ciudad de Getafe” dio a esta calle una importancia de la que carecía, ya que, como hemos dicho con relación a otras calles del mismo barrio, allí sólo se construían pequeñas viviendas, aprovechando los ratos libres, e incluso haciéndose hasta los ladrillos en tejares de fortuna. De aquellas casas sólo quedan algunas muestras, ya que muchas de ellas se derribaron para edificar otras más modernas con más alturas. De esta forma, la calle ha quedado estrecha y sombría al no modificar su anchura paralelamente con la altura de los nuevos edificios.

Detalle de la fachada de una de las casas más antiguas del barrio, situada en la calle Buenavista. Foto: Amalia Pascual Durá

Detalle de la fachada de una de las casas más antiguas del barrio, situada en la calle Buenavista.
Foto: Amalia Pascual Durá

Durante su recorrido, la calle Buenavista cruza las del Rayo, Salvador, Garcilaso –entre ellas se encuentra la controvertida galería de alimentación-, Parla y Eugenio Serrano, para terminar en la citada Alonso de Mendoza. La peculiar configuración de este barrio ha hecho posible la creación de una vecindad con características diferenciadas con el resto de Getafe. Quizá haya favorecido esta particularidad su situación de aislamiento con el casco urbano principal debido a la línea férrea de Madrid a Ciudad Real, que tantos accidentes ha costado a la población. Esta característica de los vecinos de La Alhóndiga se vio más acentuada cuando se creó el barrio de Fátima, ya que la salida directa a la carretera de Toledo hizo que muchos de sus moradores ni siquiera conocieran Getafe. Es más, tanto influenció la situación, que incluso se ha borrado el tradicional  nombre del barrio, por el más usado de Fátima.

La calle Buenavista en la actualidad. Foto: Manuel García Gutiérrez.

La calle Buenavista en la actualidad.
Foto: Manuel García Gutiérrez.

Esta calle es una de las de mayor importancia dentro del difícil entramado del barrio, que desde la última reforma de circulación constituye un verdadero tormento para el conductor que no lo conozca.

Fuente: Manuel de la Peña Rodriguez-Martín

Las calles tienen su historia, Siglo XX, Tomo II

Ayuntamiento de Getafe, 1999

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Recuerdos de San Rafael. Juani Lozano.

Varios han sido los agradecimientos por  la entrada publicada en el aniversario de Rufino de Castro el pasado mes de enero. Hemos de decir que no será la única ya que Rufino tuvo una vida tan interesante y llena de anécdotas y grandes hechos, que a buen seguro tendremos que volver a hablar de él en más de una ocasión.

Para muestra este texto que nos envió Juani Lozano y que de forma sencilla y llena de cariño, nos habla de sus años de catequista en San Rafael y en el que nuevamente, se nombran a unos curas muy queridos por su trabajo y compromiso con los vecinos del barrio.

Hola a todos, aunque llevo más de 20 años en otro barrio de Getafe, hoy quiero hablar de La Alhóndiga, donde viví 26 años y donde crié a mis hijos.

Cuando los dos mayores llegaron a la edad de hacer la Primera Comunión, empezó mi primer voluntariado con Don Rufino, de la ermita de San Rafael, dando catequesis a mis hijos y al grupo de niños que me tocara, en aquellas fechas no teníamos local para tanto niño y cada una de nosotras la dábamos en nuestras casas.

Catequistas de San Rafael, año 1988. En la imagen aparecen Nieves, Mariana, María, Pilar, Paquita, Pilar Hervas, Chon, Jacinta, Rafi… acompañadas del inolvidable José Manuel. En 1988 San Rafael ya estaba en ruinas por lo que se compartía espacio y actividades con la iglesia de Nuestra Srª de Fátima. Nota: faltan los nombres de algunas de las protagonistas de la imagen, si nos llegara alguno más lo iremos añadiendo. Foto: Archivo Juani Lozano

Catequistas de San Rafael, año 1988. En la imagen aparecen Nieves, Mariana, María, Pilar, Paquita, Pilar Hervas, Chon, Jacinta, Rafi… acompañadas del inolvidable José Manuel.
En 1988 San Rafael ya estaba en ruinas por lo que se compartía espacio y actividades con la iglesia de Ntra. Sra. de Fátima.
Nota: faltan los nombres de algunas de las protagonistas de la imagen, si nos llegara alguno más lo iremos añadiendo.
Foto: Archivo Juani Lozano

Rufino era un cura campechano, implicado en los problemas de la gente, haciendo Iglesia dentro y fuera de ella. A los pocos años llegaron dos ayudas para él, maravillosas, campechanos como él, muy buena gente. Ella, María, hermana de la orden del Prado, pequeñita pero muy grande, con ella se formó el Grupo Cristiano Cultural llamado “Grupo de los Miércoles” y que todavía funciona. Aprendimos mucho con ella.

La otra persona era José Manuel Velasco, que cuando Don Rufino empezó con sus problemas de salud cogió el relevo dejando y superando el listón muy alto. Él, humilde y sencillo, escuchando a todos, siempre con una sonrisa y unas palabras de cariño a los demás, se implicó tanto en los problemas del barrio que con María y él estábamos siempre reivindicando lo que se presentaba en cada momento.

Todavía recuerdo el desahucio de unos amigos y vecinos en Reyes Católicos, allí estábamos con nuestra pancarta todos, al menos ese día lo evitamos. Reivindicar la construcción del nuevo centro cívico que ahora tenemos lo hicimos con una cadena humana desde el centro viejo al nuevo. También lo hicimos por la petición de una iglesia nueva, también luchábamos muchos, pues la ermita se derrumbaba y teníamos que abrir los paraguas dentro cuando llovía.

Con el cierre de ésta pasamos a la iglesia de Fátima en Tirso de Molina, sin dejar nuestras peticiones, para esas fecha vino Víctor, un cura joven, buena gente y humilde, ya había muerto Don Rufino. Como José Manuel se implicó mucho en los problemas del barrio, muchas veces estuvieron en mi casa a ver a mi marido cuando enfermó, Víctor incluso en el hospital para ofrecer quedarse de noche. Son cosas que nunca olvidaré.

También disfrutamos de excursiones de fin de curso, las bodas de nuestros hijos, las celebraciones de Navidad y Semana Santa con la tradicional merienda. Fueron años de convivencia maravillosa, continuamos nuestra petición de la iglesia con esfuerzo y económicamente todos colaboramos. En plena construcción murió José Manuel, de repente, de un infarto cerebral, nos dejó a todos muy tristes y muy solos. Él también dejó la “Escuela de Padres”, que fundó él, y tantas cosas más, que nunca lo olvidaremos. El único que vio la nueva iglesia fue Víctor, pero al cabo de pocos años se fue a las misiones a Brasil, donde sigue dando cariño y buena religión.

Imagen tomada el 11 de junio de 1985, con motivo de las Bodas de Plata sacerdotales de Rufino de Castro. En la foto podemos ver al recordado sacerdote junto a José Manuel Velasco, también fallecido prematuramente en el año 1993. A la derecha de la imagen aparece Norberto Otero, actual párroco se San Rafael. Foto: Archivo Julián Sainero.

Imagen tomada el 11 de junio de 1985, con motivo de las Bodas de Plata sacerdotales de Rufino de Castro. En la foto podemos ver al recordado sacerdote junto a José Manuel Velasco, también fallecido prematuramente en el año 1993. A la derecha de la imagen aparece Norberto Otero, actual párroco se San Rafael.
Foto: Archivo Julián Sainero.

Y los que ya no están con nosotros, pero si en el recuerdo y en nuestros corazones pueden estar orgullosos, allá donde estén, que lo que sembraron en La Alhóndiga sigue dando frutos, pues es un barrio único en Getafe, donde la gente se implica al máximo.

Con esta, mi historia, os mando una poesía en forma de despedida, que leyó una niña, hija de mi amiga Fuensanta, el día del funeral de Don Rufino, fue hecha, mi despedida con todo mi agradecimiento, pues cuando murió mi padre él también le fue a despedir.

A Don Rufino

Todos estamos muy tristes

se nos marchó para siempre

nuestro cura,

nuestro amigo y compañero

pero tanto nos dejó

que nunca olvidaremos

que vivió junto a nostros

en lo malo y en lo bueno.

Una pena se llevó:

ver su ermita destruida.

Pero todos lucharemos

para poder construirla

y que un día él desde el cielo

pueda por fin bendecirla.

Adiós Rufino de Castro

tu Alhóndiga tan querida,

por la que tanto luchaste

y tanto diste y quisiste

hoy te da su despedida.

Texto: Juani Lozano

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El “Barrio Rojo”. Según Manuel de la Peña, cronista oficial de Getafe

Manuel de la Peña, cronista oficial de Getafe,  recoge en su libro “Las calles tienen su historia” un episodio de nuestro barrio por el cual, durante unos años (hasta el término de la Guerra Civil) el Barrio de Barrachina pasó a llamarse Barrio Rojo. En la parte final del mismo libro, un apéndice que recoge las nuevas calles que se construyen en Getafe hasta el año 1940, incluye la de Julián Daviñas.

Se da la circunstancia que esta calle es la única que conservó su nombre original cuando las demás denominaciones que hizo el Frente Popular cambiaron de nombre al término de la contienda.

Seguimos buscando información sobre en qué momento nuestro barrio, se comenzó a llamar barrio de la Alhóndiga.

Calle Julián Daviñas. La placa que se conserva en una antigua casa, debe ser de las primeras que se colocaron en su momento. Tiene la particularidad de que le falta la "S" final lo que le da originalidad a la vez que un encanto especial. Foto: Manuel García Gutiérrez

Calle Julián Daviñas. La placa que se conserva en una antigua casa, debe ser de las primeras que se colocaron en su momento. Tiene la particularidad de que le falta la “S” final lo que le da originalidad a la vez que un encanto especial.
Foto: Manuel García Gutiérrez

 

EL BARRIO ROJO

En el mes de octubre (de 1936) se recibe en el Ayuntamiento una instancia de los vecinos del nuevo barrio de Barrachina. En ella proponen se cambie el nombre del barrio, de una de sus calles y la nominación de las nuevas vías públicas. La propuesta consistía en sustituir el nombre de Barrio de Barrachina por el de Barrio Rojo y el de la calle Fernando Barrachina por el de la Avenida de la República.

Los nombres de las nuevas calles quedaron de la siguiente forma: Ignacio Recuero, Aviador Uturbi, Manuel Azaña, Fernando de la Rosa, Triunfo, Libertad, Comandante Juan Ortiz, Lina Odena, Francisco Solano, General Mangada y Comandante Sediles. A la actual Plaza de Colón se le puso el nombre de Glorieta de la Libertad.

Aquella fue una de las últimas decisiones tomadas por el ayuntamiento que ante el avance de las tropas rebeldes, junto con gran parte de la población, evacuaron hacia Madrid. Allí, en la capital, se instaló la Comisión Gestora del Ayuntamiento, en la calle de Alcalá número 185. La Comisión gestora celebra su última reunión el 4 de diciembre de 1936.

El 2 de noviembre Getafe era un puro incendio. Las instalaciones fabriles, los depósitos de municiones de Aviación y las explosiones de dinamita en hangares e instalaciones de CASA, daban en la lejanía un aspecto estremecedor.

Fuente: Manuel de la Peña Rodriguez-Martín

Las calles tienen su historia, Siglo XX, Tomo 2

Ayuntamiento de Getafe, 1999

 

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Manuel de la Peña Rodriguez-Martín

A finales de año, en una de nuestras reuniones habituales, tuvimos la idea de incorporar a nuestro blog sobre la historia de la Alhóndiga, la transcripción de las calles de nuestro barrio que aparecieron publicadas en los libros “Las calles tienen su historia” obra del cronista oficial Don Manuel de la Peña.

Manuel de la Peña Rodríguez-Martín. Barcelona 1926, Getafe 2010. Foto: Archivo Familiar.

Manuel de la Peña Rodríguez-Martín. Barcelona 1926, Getafe 2010.
Foto: Archivo Familiar.

En el último mes hemos contactado con uno de los hijos del autor, Manuel, al que comentamos la posibilidad de incluir dichos textos en nuestro blog. Hemos de agradecerle su amabilidad al autorizarnos dicho trabajo, así como la disponibilidad para futuras colaboraciones.

Para el equipo de Alhóndiga de la Memoria es todo un honor contar con tan inestimable ayuda y colaboración.

En breve comenzaremos a trabajar sobre nuestras calles. Mientras, publicamos la reseña que aparece en Wikipedia realizada por uno de sus nietos, Manuel de la Peña y Peña, e igualmente una breve semblanza enviada por su hijo Manuel de la Peña Ballesteros…

“En primer lugar, os agradezco que mantengáis viva la memoria de mi padre, para lo cual he aceptado colaborar con vosotros.

Mi padre apareció por Getafe allá  por el año 1945 y la primera noticia que tengo de lo que hizo fue ir a la escuela de vuelo sin motor del cerro del Telégrafo. El motivo es que daban un bocadillo diariamente y en aquellos tiempos de hambre no se podía dejar pasar una oportunidad así.

Luego participo en la plantación de los pinares del Cerro de los Ángeles.

Mientras tanto trabó amistad con gente del pueblo: Zambrana, Galeote, Pedro Manzanares, los hermanos Carlos y Luis Mejías, Arroyo, etc., aunque por su carácter no creo que tuviese enemigos.

Su carrera profesional de delineante proyectista comenzó en Madrid en la empresa Telefunken donde colaboró en el diseño de varios modelos de aparatos de radio, en concreto que yo recuerde el “Panchito” unos de los de más éxito de su época.

En los ratos libres se dedicaba a realizar la publicidad que ponían en el descanso en el cine Cervera; a hacerse concejal en el ayuntamiento, con Juan Vergara de alcalde, diseñando los jardines de San Isidro y el de la Calle Madrid enfrente del Hotel Rosa (que se modificaron luego con otras corporaciones); organizar la exposición de artesanía que se hacía en Getafe en las fiestas (la que yo mas recuerdo fue una en el colegio “Barrileros”); diseñar los carteles de las fiestas de aquellos años; organizar el desfile de carrozas …”

 Manuel de la Peña Ballesteros.

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Memorias de la Alhóndiga, Pedro M. Tielve Cedillo. En el amanecer de la vida, IV, final.

 

Llegamos al final del relato de Pedro Manuel Tielve y nos da un poco de pena porque ha sido una delicia rememorar tiempos pasados en un relato en el que muchos nos hemos visto reflejados. Estamos seguros que más de uno habrá recordado anécdotas e historias que andaban dormidas en el fondo del la memoria. Desde aquí os invitamos a compartirlas al igual que ha hecho Pedro.

 

Por la Alhóndiga, y el resto de Getafe, ya no se ven, o escasamente, oficios como: El lanero, que mullía la lana de los colchones; El lañador, que arreglaba pucheros, cacerolas, paraguas; El lechero, con sus cántaros de cinc; El churrero, con su cesto de mimbre; El “torraero”, que vendía garbanzos “tostaos”; El mielero, que vendía miel; El cacharrero, que vendía botijos, pucheros, etc. En Getafe, también había carbonerías, donde se compraba carbón, para el horno y picón para el brasero. Tenían las paredes ennegrecidas, a causa de la mercancía que vendían. Recuerdo una en la calle Toledo.

En la imagen los hermanos Tielve: Jesús, Araceli, Clarita, Fernando, Rafael, Práxedes y Pedro en la casa de la calle Eugenio Serrano. Año 1969 Foto: Archivo Pedro Manuel Tielve Cedillo

En la imagen los hermanos Tielve: Jesús, Araceli, Clarita, Fernando, Rafael, Práxedes y Pedro en la casa de la calle Eugenio Serrano. Año 1969
Foto: Archivo Pedro Manuel Tielve Cedillo

 ¿Cómo nos divertíamos los chicos por aquel entonces? Entonces, como hoy, se jugaba al futbol, las canicas, las chapas, etc; Con una rama en “Y” y una goma de bicicleta se podía construir un tirachinas; con las pinzas de la ropa se construían pistolas; Coleccionábamos nuestro ejército de “americanos e indios” con juguetes que comprábamos en “ka” la señora Pepa; Coleccionábamos los cromos de “Ben-Hur”, “El Cid”, que venían en las tabletas de chocolate, “La Campana de El Gorriaga”, “Clavileño”; En los años sesenta, en la Alhóndiga, no se vendían petardos, o yo no lo recuerdo. Pero sí se vendían pastillas de clorato de potasio y polvos de azufre. Las pastillas se molían y se mezclaban con el azufre, se ponían entre dos pedernales, y al golpear un pedernal, explotaba la mezcla. La gracia estaba en molestar, como ocurre hoy día con los petardos. Esta misma finalidad, la cumplía la piedra de carburo, metida en un bote, y ligeramente humedecida. La presión que se producía dentro del bote, hacía que el bote saliera disparado. Esto entrañaba un cierto peligro.

Hay muchos usos y costumbres que han desaparecido: ya no se funden los plomos, ni hay que poner un hilo de cobre; No se funden las lámparas de la tele, porque no las tiene; Ya no hace falta refrescar el vino y la gaseosa (Casera, Revoltosa, Pitusa), en el pozo o la fresquera, porque tenemos frigorífico; Las amas de casa, a Dios gracias, no necesitan fregar los suelos con bayeta; La ropa no es necesario lavarla a mano, con la tabla de madera, que para eso está la lavadora.

De niño, gran parte del verano lo pasaba en el pueblo de mis abuelos, Cabañas de la Sagra, (Toledo). Mi abuelo, tratante de mulas, tenía un borriquito que se sabía de memoria el camino a casa.    A la hora de la siesta y bajo un sol de justicia, tras hacer sonar el cornetín, se escuchaba al alguacil pregonar: “De parte del señor alcalde, se hace saber…”. El alguacil, que a la sazón era tío de mi amigo Jorge, estaba curtido por el sol.

En la Alhóndiga, como en el pueblo, en los días que hacía buen tiempo, salían las vecinas y vecinos, con sus sillas, a la puerta de la calle. Allí charlaban al fresco hasta las diez o las once de la noche.En el pueblo esto, rara vez se ve en la actualidad, en la Alhóndiga esta costumbre murió con los viejitos.

Un buen día, recibimos en mi casa la grata sorpresa, de que nos habían tocado veinticinco mil pts. Esto ocurrió a mediados de 1.969. El premio, no era producto del juego de azar, sino de una sociedad a la que habían apuntado mis padres a mi hermana Clara María, que había nacido el año anterior. Dos representantes de dicha sociedad, cuyo nombre ignoro, aparecen en la fotografía que se tomó en el pequeño comedor de la vivienda. La casa donde vivíamos, propiedad de mis abuelos, era muy pequeña. Tenía un servicio muy chiquitito en el patio, comedor y dos dormitorios.Por esta razón, mis padres dieron una entrada, a un piso de los que construía Carrillo, en la calle Pizarro.Y este fue el motivo por el cual, a finales de 1.969, abandonamos el barrio. Ni que decir tiene, que esto me produjo un pellizco en la fibra sensible, pues dejaba recuerdos y amigos.

La familia Tielve Cedillo en una foto que todos soñamos más de una vez. Posar junto a un montón de "billetes verdes". Gracias a esas 25... pesetas pudieron comprar un piso más amplio y cómodo para la familia. Foto: Archivo Pedro Manuel Tielve Cedillo

La familia Tielve Cedillo en una foto que todos soñamos más de una vez. Posar junto a un montón de “billetes verdes”. Gracias a esas 25… pesetas pudieron comprar un piso más amplio y cómodo para la familia.
Foto: Archivo Pedro Manuel Tielve Cedillo

Hay muchas otras anécdotas, impresiones y vivencias, que pasé en la Alhóndiga, en aquellos años de la niñez. Pero sería un trabajo, quizá tedioso de escribir y aburrido de leer. En pintura, es preferible una pintura fresca, espontánea, a un cuadro demasiado retocado.¿Recuerdan el poema, “Aquel Getafe entrañable, que se nos fue con los años…”, de Víctor Manuel Muñoz Moreno.? Allí, su autor, nos describe de manera poética, como los carros, cargados de “oloroso heno”, iban dejando a su paso, briznas en el aire, “como átomos dorados”. La memoria es algo así, como “átomos dorados”, que guardamos cual tesoro. Porque los malos momentos, tendemos a olvidarlos. Esta historia de recuerdos, ha pretendido, ser eso, una historia contada, con “pinceladas sueltas” de recuerdos, que sean como “oloroso heno”.

En el barrio de la Alhóndiga, pasé la niñez, según dicen, la etapa más feliz de la vida. Por eso le tengo especial cariño, y por eso le dedico esta letra de Gardel: “Barrio, barrio, que tenés el alma inquieta de un gorrión sentimental. Penas, ruego, es todo el barrio malevo melodía de arrabal. Viejo barrio, perdona si al evocarte se me pianta un lagrimón, que al rodar en tu empedrao, es un beso prolongao, que te da mi corazón”.

Pedro M. Tielve Cedillo.

Getafe, 30 de Diciembre de 2.013.

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Memorias de la Alhóndiga, Pedro M. Tielve Cedillo. En el amanecer de la vida, III.

Continuamos con la publicación de los recuerdos de Pedro Manuel Tielve. En esta tercera entrega, su relato hace un recorrido por las primeras series de aquella televisión en blanco y negro de nuestra infancia. Igualmente nos habla de la radio, de los anuncios, de las canciones que nos acompañaban…  Todo ello es común a cualquiera que fuera niño en aquellos años, todo, menos nuestros cines, especialmente los añorados cines de verano ¿los recordáis? En ellos, todos los getafenses, incluidos los vecinos de la Alhóndiga, vivimos grandes momentos de nuestras vidas  y forman parte de nuestra memoria colectiva.

Marzo de 1953. Norberto Otero y Asunción López posan con unos amigos en el recordado "Parque de recreo". Así se llamaba el desaparecido cine de verano de la calle Arboleda y que era propiedad de Aquilino Cervera. En este recinto se celebraron muchas de las comuniones y bodas de la época y era un clásico de los veranos, con su suelo de tierra lleno de cáscaras de pipas al terminar las sesiones de cine. Foto: Archivo familia Otero López

Marzo de 1953. Norberto Otero y Asunción López posan con unos amigos en el recordado “Parque de recreo”. Así se llamaba el desaparecido cine de verano de la calle Arboleda y que era propiedad de Aquilino Cervera. En este recinto se celebraron muchas de las comuniones y bodas de la época y era un clásico de los veranos, con su suelo de tierra lleno de cáscaras de pipas al terminar las sesiones de cine.
Foto: Archivo familia Otero López

En mi casa, entró la televisión por primera vez, en el año sesenta y ocho o sesenta y nueve. Era una Werner, “que merece su atención, “Verner”, televisión”, decía el anuncio. Por aquella época, ponían las peripecias de una familia, formada por un padre juicioso y sus tres hijos de gatillo fácil, que vivían en La Ponderosa, eran los cuatro de Bonanza. También se ponían series como: Perdidos en el espacio; Viaje al fondo del mar; La perrita Marilín; Mi marciano favorito; Embrujada; La familia Adams; Los Picapiedra; El mago Magoo; El gorila Maguila; Expreso a Peticoats; Jim West; Antena infantil, que después se llamaría los Chiripitiflauticos;  etc. Otros programas con mucha audiencia fueron: Galas del sábado, con Joaquín Prat y Laura Valenzuela; Un millón para el mejor; Reina por un día Etc.

Pero en mi casa, se escuchaba principalmente, la radio: Matilde, Perico y Periquín, con Matilde Conesa; Matilde Vilariño y Pedro Pablo Ayuso, en los que siempre Periquín terminaba haciendo alguna trastada; Feria de coplas; Los seriales radiofónicos de, “la sociedad española de radio difusión, en su cadena de emisoras, …escrito y dirigido por, Guillermo Sautier Casaseca, con el reparto estelar de…, Juana Jinzo, Pedro Pablo Ayuso, … “, ¿se acuerdan?; Ustedes son formidables, con Alberto Oliveras; El consultorio de Elena Francis; Peticiones del oyente, “… un programa patrocinado por Enrique Busian, Enrique Busian, Mayor 6-primero”, ¿recuerdan?;  Etc.

Cola Cao, producto estrella de los desayunos infantiles desde 1946. Sus famosas cajas metálicas formaron parte de las cocinas de nuestras madres durante muchos años. También estaban las que se dedicaban a guardas galletas, labores, fotografías...

Cola Cao, producto estrella de los desayunos infantiles desde 1946. Sus famosas cajas metálicas formaron parte de las cocinas de nuestras madres durante muchos años. También estaban las que se dedicaban a guardas galletas, labores, fotografías…

Por aquellos años se anunciaba el Cola Cao, con la cancioncilla “yo soy aquel negrito…”.  Cualquiera de las sintonías de estos programas, para los que las hemos escuchado, nos puede catapultar, mental y emocionalmente hacia el pasado, ¿verdad?. A mí me ocurre de manera especial con la sinfonía nº 9, “Del Nuevo Mundo” de Antonín Dvorak. Era la sintonía de “Ustedes son formidables”. Cuando la escucho, mi mente me lleva, inevitablemente, a una cocina muy pequeña, con olor a humedad, y allí…, mi querida madre pegada a la radio. El programa hay que reconocer, que era muy lacrimoso, pues contaba la historia de personas que estaban pasando penurias, y había almas caritativas que las ayudaban.

La música que se escuchaba por aquel entonces, era principalmente la copla: “Torre de arena”, cantaba Marifé de Triana; “Ojos verdes”, “Tatuaje”, “Me embrujaste”, etc. que cantaba Concha Piquer; Al “amigo conductor”, cantaba Perlita de Huelva; Juanito Valderrama, cantaba al “emigrante”, “Pena mora”, etc.; A “mi perrito Lucero”, cantaba Rafael Farina; “Yo quiero ser mataor” cantaba Antonio Molina; “Vino y mujeres” cantaba Manolo Escobar; Y un largo etcétera de bellísimas coplas escritas, en su mayoría, por: Quintero, León, Quiroga, Ochaíta, etc.

También se escuchaban bellos boleros: “Contigo aprendí, a ver la luz del otro lado de la luna…”, “Somos novios”, etc. Cantaba Armando Manzanero; “Lo dudo”, “Caminemos”, etc. Cantaba el trío Los Panchos; “No hay bella melodía, donde no surjas tu…”, “Dicen que la distancia es el olvido…”, cantaba Lucho Gatica; Antonio Machín cantaba “Toda una vida, estaría contigo…”, “Angelitos negros”; etc. Y un largo etcétera porque esta lista tampoco es exhaustiva.

De Argentina nos llegaba el tango: “Corrientes 3-4-8, segundo piso, ascensor, (…) y todo a media luz que es un brujo el amor…”, “cuando estén secas las pilas de todos los timbres que vos apretás, (…) veras que todo es mentira, verás que nada es amor, que al mundo nada le importa, yira, yira…” etc. Que cantaba Carlos Gardel.

Mirinda, y... ¡música! Con este lema, la marca de refrescos lanzó una campaña muy musical. Muchos fuimos los que coleccionamos aquellos discos de funda naranja y que sonaron en más de un guateque juvenil. La marca de coñac "Fundador" también contribuyó a aficionarnos a la música con una campaña similar. Está como nunca el coñac que mejor sabe...

Mirinda, y… ¡música! Con este lema, la marca de refrescos lanzó una campaña muy musical. Muchos fuimos los que coleccionamos aquellos discos de funda naranja y que sonaron en más de un guateque juvenil. La marca de coñac “Fundador” también contribuyó a aficionarnos a la música con una campaña similar. Está como nunca el coñac que mejor sabe…

También se escuchaba lo que entonces se llamaba música ligera: “yo soy aquel”, cantaba Raphael; “Un sorbito de champagne”, cantaban Los Brincos; “Nos falta fe”, “Anduriña”, cantaban Juan y Junior; “El baúl de los recuerdos”, cantaba Carina; “El tío calambre”, “Juanita Banana”, cantaba Luis Aguilé; “Mis manos en tu cintura”, cantaba Salvatore Adamo; “Porqué, porqué, los domingos por el futbol me abandonas…”, “Que me importa el mundo”, cantaba Rita Pavone; Henry Stephen contaba, “Mi limón, mi limonero…” Etc. También aquí sería muy larga la lista.

Por aquellos sesenta, también se oía en España música en inglés: “My, my, my, …Delilah, porqué, porqué, porqué, …Delilah…”, cantaba Tom Jones; “Tu cabeza en mi hombro”, “Tu eres my destiny..”, “Oh please, vuelve a mí, …Diana..”, cantaba Paul Anka; “Submarino amarillo”, “Obladí-obladá“, cantaban Los Beatles. etc.

El cine Cervera estaba situado en la calle Toledo. Otra de las salas que nos proporcionó horas de aventuras en lo que se llamaba "sesión continua" y de las que salíamos soñando en ser los protagonistas de aquellas películas "autorizadas para todos los públicos". Foto: fuente sin localizar.

El cine Cervera estaba situado en la calle Toledo. Otra de las salas que nos proporcionó horas de aventuras en lo que se llamaba “sesión continua” y de las que salíamos soñando en ser los protagonistas de aquellas películas “autorizadas para todos los públicos”.
Foto: fuente sin localizar.

Como es lógico, la Alhóndiga, no era una burbuja independiente del resto de Getafe. Para salir al campo, no teníamos más que cruzar la carretera de Toledo. Pero, para ir al cine, había que “bajar al pueblo”. Entonces existían los cines: Avenida, Cervera, Palacio, conocido por el cine “el Gordo”, y los dos, o tres cines de verano, de los que sólo recuerdo el nombre de “La Marina”, en la calle Castilla. Pero quiero recordar otro en la calle Madrid, y otro en la calle Hospitalillo de San José cerca del colegio de las monjas. El cine de “Las Margaritas”, es de los años 70, si mal no recuerdo.

Entrada del cine Palacio o el cine "del Gordo" como se le conocía popularmente. El único que queda en pie, ahora convertido en almacén de un negocio asiático. Foto: Chema Rodríguez. http://historiasen3d.blogspot.com.es/2011/05/el-ultimo-emperador-en-palacio.html

Entrada del cine Palacio o el cine “del Gordo” como se le conocía popularmente. El único que queda en pie, ahora convertido en almacén de un negocio asiático.
Foto: Chema Rodríguez. http://historiasen3d.blogspot.com.es/2011/05/el-ultimo-emperador-en-palacio.html

Recuerdo el cariño con que mis padres nos llevaban, a mis hermanos más pequeños y a mí, al cine de verano, donde se podían comer pipas. De las películas, que entonces eran del oeste, o de romanos, tengo vagos recuerdos.

Pedro M. Tielve Cedillo.

Getafe, 30 de Diciembre de 2.013.

Continuará…

Nota: Hemos acompañado esta entrada con imágenes relacionadas con el texto de Pedro M. Tielve y que hemos recopilado de diferentes fuentes en la red. Si alguien sabe la procedencia de la foto del Cine Cervera, estaremos encantados en mencionar al autor o propietario.

Igualmente, en esta entrada, hemos enlazado un interesante texto de Lourdes Morales Farfán para que la gente que nos descubra desde lejos, tenga una buena referencia de nuestro pueblo.

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Memorias de la Alhóndiga, Pedro M. Tielve Cedillo. En el amanecer de la vida, II.

Seguimos con el relato de Pedro Manuel Tielve. En esta segunda entrega recordaremos los accesos que usábamos para “bajar al pueblo”, como decíamos cada vez que había que desplazarse al centro. Igualmente evocaremos los olores característicos de aquellos años, ¿a que olían las casas… las calles? Pedro nos lo transmite a la perfección en esta parte de sus memorias.

Para ir a la escuela, desde mi casa en Eugenio Serrano, yo utilizaba indistintamente, dos trayectos. El primero consistía en bajar a la explanada, que hoy es Tirso de Molina, y cruzar la vía del tren a la altura de las casitas que había en la calle Cervantes, para salir a Polvoranca. A esta altura, la vía tenía un “puentecito” para permitir el paso del agua, en caso de arroyada. En caso de poca pluviosidad, la lluvia era embebida por la tierra, aun sin asfaltar. Si la lluvia era copiosa, las aguas bajaban por Polvoranca y Jardines, hasta el sumidero que había a la entrada de la calle Arboleda. Este sumidero también recogía las aguas que bajaban, por la izquierda, por la calle Magdalena.

Al cruzar la vía por Cervantes, había que hacerlo con cuidado, por si venía el tren. Los trenes que pasaban eran de gasolina, como la locomotora que está junto a la boca del metro en la calle El Greco. Pero también pasaban los trenes de gran chimenea, que exhalaban al aire, su carga de humo.

Esta imagen corresponde a finales de la década de los 60. Se pueden distinguir las solitarias casitas que había en la calle Cervantes, cruzando la vía se llegaba a la calle Polvoranca. También se aprecia perfectamente la huerta que existía por aquel entonces y la huella perenne que dejaba la plaza de toros portátil que se colocaba en fiestas. El nº 4 corresponde a la Plaza del Ayuntamiento, el nº 11 a la Casa de la Cultura, el nº 5 al colegio Sagrado Corazón de Jesús y los nº 6 y 7 señalan el conjunto de los Escolapios. Fuente: Guía de la Provincia de Madrid, GETAFE. Diputación Provincial de Madrid, año 1975 Foto: Archivo Amalia Pascual Durá

Esta imagen aérea corresponde a la década de los 60. Se pueden distinguir las solitarias casitas que había en la calle Cervantes, cruzando la vía se llegaba a la calle Polvoranca. También se aprecia perfectamente la huerta que existía por aquel entonces y la huella perenne que dejaba la plaza de toros portátil que se colocaba en fiestas.
El nº 4 corresponde a la Plaza del Ayuntamiento, el nº 11 a la Casa de la Cultura, el nº 5 al colegio Sagrado Corazón de Jesús y los nº 6 y 7 señalan el conjunto de los Escolapios.
Fuente: Guía de la Provincia de Madrid, GETAFE. Diputación Provincial de Madrid, año 1975
Foto: Archivo Amalia Pascual Durá

Ya en la calle Polvoranca, teníamos a la derecha la huerta, que abarcaba hasta la calle Castilla. A mano izquierda había otra explanada, que abarcaba desde la vía, hasta la plaza Abogados laboralistas de Atocha. En esta explanada ponían la plaza de toros, de quita y pon. Desde esta explanada hasta la calle Leganés, y desde la vía, hasta la calle Concepción, esta superficie la ocupaba una fábrica de harina, o algo así. La calle Polvoranca, era un barrizal en los días de lluvia, pero cuando nevaba, la nieve se mantenía varios días, formando así una bella imagen que aún conservo en la memoria.

El otro trayecto para ir al colegio, consistía en subir por Buenavista hasta la vía del tren, y subir hasta la calle Leganés. En la calle Leganés había un paso a nivel con barreras. La caseta del guardabarreras, estaba construida con traviesas de madera de la vía, era pequeñita, y su chimenea echaba humo en invierno. Para bajar o subir las barreras, el guardabarreras accionaba una manivela, que hacía girar una rueda dentada, y mientras esto se producía, sonaba una campanita.

Antiguo paso a nivel en la calle Leganés. Al fondo se aprecia el desaparecido edificio de Ericsson. Fuente: Programa "Recuperando nuestra memoria", Ayuntamiento de Getafe, año 2007/2008 Foto: Aportada para dicho programa por Mª Pilar Martín Muñoz.

Antiguo paso a nivel en la calle Leganés. Junto a la barrera, que cortaba el tráfico mientras pasaba el tren, vemos la campana a la que hace referencia Pedro en su texto. Al fondo se aprecia el desaparecido edificio de Ericsson.
Fuente: Programa “Recuperando nuestra memoria”, Ayuntamiento de Getafe, año 2007/2008
Foto: Aportada para dicho programa por Mª Pilar Martín Muñoz.

Volviendo al poder evocador que nos dan los olores. ¿A que olía la Alhóndiga en aquellos años sesenta?. A principios de otoño, en la Alhóndiga, como en el resto de Getafe, se empezaban a encender las chimeneas, pues todavía no se había popularizado el uso del gas butano. También se encendían los braseros de picón. Este olor característico envolvía el barrio. A veces, lo he podido percibir, en la actualidad, al pasar por el sector tres.

En las cocinas de las casas había lo que se llamaba “la placa”, el horno de la placa, con leña o carbón, servía para cocinar y caldear la casa. Posteriormente se popularizó la estufa de gas butano: “Moraleja, compre una Agni y tire la vieja” o la Butater: “Estas como nunca, … Butater”. Como digo, la placa se utilizaba para cocinar, bien en el horno, o bien en la placa. Allí ponía mi padre la leche recién bautizada que traía el lechero, entonces sí que sabía la leche a leche, a que subiera sus aconsejados tres hervores. También se podían asar patatas, que era una buena opción para merendar.

A mediodía, en aquella época, la Alhóndiga olía a cocido. Era el plato estrella, con sus tres vuelcos, dejaba en el aire un olor inconfundible. También había otros guisos, de gratos recuerdos para el olfato y el paladar, como eran las alubias, blancas o pintas, con chorizo; Las patatas con bacalao, etc.; Y los domingos paella. En casa de mis abuelos, que vivían cruzando la vía, mi abuela preparaba un arroz caldoso, que estaba para chuparse los dedos. Con razón dice un dicho: “El arroz caldoso, es el más sabroso”.

En la foto, Pedro Manuel junto a su madre, Elvira y su hermano, Rafael, en una escena cotidiana de aquellos años. A la derecha el barreño de zinc que tan útil resultaba: bañera, fresquera, lavadora... Foto: Archivo Pedro M. Tielve Cedillo, año 1965

En la foto, Pedro Manuel junto a su madre, Elvira y su hermano, Rafael, en una escena cotidiana de aquellos años. A la derecha el barreño de zinc que tan útil resultaba: bañera, fresquera, lavadora…
Foto: Archivo Pedro M. Tielve Cedillo, año 1965

En Semana Santa, el olor era, al típico potaje de cuaresma, y las torrijas. Mi madre las hacía con un poquito de anís, aunque yo prefería las que preparaba mi abuela de tipo más tradicional.

Mi madre era muy religiosa, y por esa razón, íbamos a misa todos los domingos. Por aquella época yo quería ser sacerdote.

En Nochebuena, mi padre preparaba un chicharro al horno, que estaba delicioso. Y es que no teníamos para comprar besugo. Aun así, fueron las navidades más felices de mi vida.

Pedro M. Tielve Cedillo.

Getafe, 30 de Diciembre de 2.013.

Continuará…

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Memorias de la Alhóndiga, Pedro M. Tielve Cedillo. En el amanecer de la vida, I.

Con esta entrada iniciamos la publicación de las vivencias que Pedro Manuel Tielve Cedillo, muy gustosamente, quiere compartir con los seguidores del blog. Esperamos que os gusten y las disfrutéis tanto como nosotros.

Mis recuerdos de la Alhóndiga, son recuerdos en general gratos, porque pertenecen al amanecer de la vida, aquí pasé mis primeros nueve, casi diez años, y en esa etapa de la vida todo es aprender, todo nos sorprende.

Mi intención con estas memorias, no es hacer un cuadro detallado de la Alhóndiga de aquella década de los años 60, sino más bien, como un pintor impresionista, dar pinceladas sueltas que en la distancia, contribuyan a crear una atmosfera más vívida de la Alhóndiga de aquella época.

Pedro, muy formalito, en la típica sillita de enea de la época. Imagen de principios de los años 60 tomada en la calle Eugenio Serrano. Foto: Archivo Pedro Manuel Tielve Cedillo.

Pedro, muy formalito, en la típica sillita de enea de la época. Imagen de principios de los años 60 tomada en la calle Eugenio Serrano.
Foto: Archivo Pedro Manuel Tielve Cedillo.

¿Existe algún sentido con más capacidad de evocar recuerdos, que el olfato?, probablemente no. ¿Dónde os transportan vuestros recuerdos cuando percibís el olor a libros nuevos, mondas de lapicero, o virutas de goma de borrar? No me lo digáis, a mi ese olor me vuelve a sentar en el pupitre del colegio Sagrado Corazón de Jesús, en el aula de Don Luis, donde aprendí a leer. En el encerado estaban pintadas las vocales. Aprendíamos “mi mamá me mima, yo amo a mi mamá”,  Don Luis nos enseñaba canciones como: “tengo, tengo, tengo, tú no tienes nada, tengo tres ovejas en una cabaña…”. También aprendíamos cantando: “España limita al norte con el Mar Cantábrico y los Montes Pirineos…; O esta: “Machichaco en Vizcaya, Ajo en Santander, Peñas en Asturias…”.

Los niños estábamos separados de las niñas en las aulas y en el patio del recreo, es decir, había aulas de chicos y aulas de chicas, medio patio para los niños y la otra mitad para las niñas. Las chicas llevaban babis blancos, recuerdo, que en el recreo, solían saltar a la comba mientras cantaban canciones como: “En lo alto de un castillo hay un colegio famoso bachí, bará, bará, bachí, donde van todos los niños a aprender a hacer el oso, bachí…”; “Estaba el señor don gato, sentadito en su tejado, marramamiau, miau, miau…”; “La reina Berengüela, güí, güí, güí, como es tan fina…”; “¿Dónde están las llaves?, matarile, rile, rile, …”; Etc. Los niños, no llevábamos babis, y jugábamos a: Fútbol, deporte para el que nunca fui llamado; Jugábamos a saltarnos, no recuerdo como se llama el juego, pero consiste en que un niño se inclina, mientras otros niños le saltan, y se van turnando, hay variantes de este juego, incluyendo patadita en el trasero; Etc…

Rafael, Pedro y Jesús en una imagen escolar tomada en 1967, en el colegio Sagrado Corazón de Jesús.  Foto: Archivo Pedro Manuel Tielve Cedillo.

Rafael, Pedro y Jesús en una imagen escolar tomada en 1967, en el colegio Sagrado Corazón de Jesús.
Foto: Archivo Pedro Manuel Tielve Cedillo.

Quizá, por no haber sido llamado al deporte nacional, me aficioné al dibujo. En cuarto o quinto de E.G.B. , comencé a pintar al óleo. La culpa la tuvo Don Justo, Don Justo pintaba con una técnica post-impresionista, cercana al puntillismo. Algunos de sus cuadros, los tenía colgados en las paredes del aula. Sus pinceladas eran de color puro, como teselas de un mosaico, del estilo de Paul Signac, por poner un ejemplo.

Regresando al aula de Don Luis, recuerdo que, antes de aprender a leer, yo ponía musiquita al ojear un T.B.O, era como poner una banda sonora. Después vinieron los comics: El Llanero Solitario, El capitán Trueno, El Jabato, Hazañas bélicas; También los de Ediciones Vértice, que entonces editaban los comics de Marvel: Red Rider, Dos Pistolas Kid, Los Cuatro Fantásticos, Los Vengadores, Spiderman, etc. He de confesar, que me costó mucho iniciarme en las novelas tipo, Marcial Lafuente Estefanía. ¡No tenían dibujos, que aburrido! pensaba. Después vendrían lecturas de Ágata Christie, Julio Verne, etc. En la librería “La Veloz”, que entonces estaba en la calle Madrid, nos cambiaban los comics y novelas ya leídos, por un precio módico. No recuerdo si en la Alhóndiga había, en los sesenta, otro sitio, que diera este servicio.

Pedro M. Tielve Cedillo.

Getafe, 30 de Diciembre de 2.013.

Continuará…

Foto tomada en la puerta de "La Veloz" donde la chavalería de Getafe, incluidos los de la Alhóndiga, cambiaban sus tebeos. Los adultos hacían lo mismo con las novelas de Marcial Lafuente Estefanía... ellos y las fotonovelas... ellas. La portada de "Triunfo" estaba dedicada a Robert Kennedy por lo que posiblemente la imagen corresponda a junio de 1968. Foto: Archivo Carlos López Muñoz

Foto tomada en la puerta de “La Veloz” donde la chavalería de Getafe, incluidos los de la Alhóndiga, cambiaban sus tebeos. Los adultos hacían lo mismo con las novelas de Marcial Lafuente Estefanía… ellos y las fotonovelas… ellas.
La portada de “Triunfo” estaba dedicada a Robert Kennedy por lo que posiblemente la imagen corresponda a junio de 1968.
Foto: Archivo Carlos López Muñoz

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En el 80 aniversario de Rufino de Castro. Julián Sainero

 

Hoy, 4 de enero de 2014, Rufino de Castro hubiera cumplido 80 años de edad. Con tal motivo aprovechamos para rendirle un pequeño homenaje con este apunte biográfico realizado por Julián Sainero que estamos seguros, se irá ampliando con nuevas aportaciones.

Hemos de resaltar que en octubre de 1989 Julián Sainero junto con el sacerdote Jose Manuel Velasco grabaron una charla con Rufino en la que se hace un repaso a la vida del sacerdote y su gran compromiso con el barrio, con los trabajadores, con los más humildes… Hoy publicamos un adelanto de este gran documento sonoro que en breve incluiremos en una entrada especial que, a buen seguro, será de gran interés para los seguidores de la obra de este gran personaje.

Imagen de la misa concelebrada por varios sacerdotes con motivo de la celebración de los 25 años de sacerdocio de Rufino de Castro. El acto se celebró en 1985, en la plaza que desde ese momento lleva su nombre. Foto: Archivo Julián Sainero

Imagen de la misa concelebrada por varios sacerdotes con motivo de la celebración de los 25 años de sacerdocio de Rufino de Castro. El acto se celebró en 1985, en la plaza que desde ese momento lleva su nombre.
Foto: Archivo Julián Sainero

Rufino de Castro nació en Plasencia, el 4 de enero de 1934, siendo bautizado en Cabezuela del Valle, donde vivía la familia. Su temprana vocación le llevó a ingresar, con solo trece años, en el Seminario de la Diócesis donde realizó el primer curso, teniendo que suspender los estudios porque los problemas económicos obligaron a su padre -su madre ya había fallecido- a emigrar a Getafe.

Tenía 14 años cuando llegó a Madrid, haciendo el viaje en un camión que transportaba castañas. Padre e hijo comenzaron a vivir con unos familiares que tenían una casa en la calle Pinto nº 26. Al poco tiempo de llegar, el padre encontró trabajo como albañil y Rufino hizo una solicitud para entrar como aprendiz en Construcciones Aeronáuticas. Mientras tanto, comenzó a realizar  las tareas de monaguillo en la iglesia de la Magdalena.

Con el examen de ingreso en C.A.S.A. ya aprobado y antes de comenzar a trabajar, Don Rafael, párroco de la Magdalena, le ofrece reanudar los estudios como seminarista en el Seminario de la Diócesis de Madrid. No lo duda, decide ingresar en el seminario y retomar su preparación sacerdotal. Aprovechó bien aquella oportunidad y sin suspender ningún curso es ordenado sacerdote en junio de 1960, celebrando su primera misa el 18 de ese mismo mes en La Magdalena. Por aquel entonces era costumbre que una comitiva formada por autoridades civiles y eclesiásticas y acompañada de música, recogiera al “misacantano” en su domicilio -así se llamaba a los que celebraban su primera misa- y de esta manera era acompañado hasta la iglesia.

Primera misa de Rufino, celebrada en La Magdalena el 18 de junio de 1960. Entre otras personalidades en aquella ocasión estuvo acompañado de Don Juan Vergara, alcalde de Getafe en aquel tiempo y Don Rafael Pazos Pría, párroco de "la iglesia grande" como era conocida la hoy catedral de Getafe. Foto: Archivo Julián Sainero

Primera misa de Rufino, celebrada en La Magdalena el 18 de junio de 1960. Entre otras personalidades en aquella ocasión estuvo acompañado de Don Juan Vergara, alcalde de Getafe en aquel tiempo y Don Rafael Pazos Pría, párroco de “la iglesia grande” como era conocida la hoy catedral de Getafe.
Foto: Archivo Julián Sainero

 Sus primeros destinos fueron la parroquia de Puebla de la Sierra donde estuvo los años 1960 y 1961. De allí pasa a la parroquia de Santorcaz, otro pequeño pueblo de la Sierra de Madrid, donde permanece hasta octubre de 1965.

El 12 de octubre de 1965, Rufino es nombrado párroco de la ermita del barrio de la Alhóndiga. La ermita había sido construida años antes y los domingos se acercaba algún sacerdote de la Magdalena a celebrar la misa. Pero fue el 9 de agosto de 1965 cuando el arzobispo de Madrid Monseñor Casimiro Morcillo, le otorga el titulo de parroquia con lo que Rufino se convierte en el primer párroco de la misma. Desde aquella fecha y durante 24 años, hasta el 19 de febrero de 1990 –fecha de su fallecimiento- Rufino fue párroco de la pequeña ermita. Durante estos años vivió un tiempo en la calle Gabriel y Galán 1, posteriormente y hasta el final de su vida, tuvo su vivienda en la calle Estudiantes 11, esquina con la calle Bejar.

Como la iglesia no tenía locales, la diócesis a propuesta de Rufino, compró un piso en la calle Estudiantes 36. Esta vivienda se reformó y se hizo una salida directa a la calle para que fuera independiente del resto de los pisos. En este local se llevaban a cabo las actividades de Cáritas, una de las labores pastorales más importantes de la parroquia junto a la catequesis. Hay que mencionar que la catequesis se impartía por madres voluntarias que, a falta de locales,  preparaban a los niños que iban a tomar la Primera Comunión en sus propias casas.

En el año 1985, con motivo de sus bodas de plata sacerdotales, Pedro Castro, alcalde de Getafe en aquel momento, dedica una plaza a Rufino de Castro. No es habitual que una persona reciba en vida esta distinción lo que da prueba del gran cariño y enorme carisma del recordado sacerdote. Foto: Archivo Julián Sainero

En el año 1985, con motivo de sus bodas de plata sacerdotales, Pedro Castro, alcalde de Getafe en aquel momento, dedica una plaza a Rufino de Castro. No es habitual que una persona reciba en vida esta distinción lo que da prueba del gran cariño y enorme carisma del recordado sacerdote.
Foto: Archivo Julián Sainero

Intentar dar a conocer a Rufino, este cura tan peculiar, resaltando los rasgos de su personalidad con los aspectos más importantes de su acción pastoral, es una tarea difícil. Creo que solo quien vivió cerca de él pudo descubrir las razones de su popularidad y el cariño que le tenía tanta gente, a pesar de las críticas que recibía de otras personas.

Posiblemente en las palabras que le dedicó el Vicario antes de partir para ser enterrado en su pueblo, en el homenaje de despedida que le hizo el barrio de la Alhóndiga, se encontraban las razones de tanto cariño: “Hay hombres buenos y otros que hacen cosas buenas y Rufino ha sido una persona que ha vivido haciendo cosas buenas”.

Su generosidad era total. Todo lo que le tenía era también de los demás: su moto, luego su coche viejo, su casa… estaban siempre a disposición de quien lo necesitara. Si le pedías alguna cosa y no la tenia, enseguida buscaba la forma de conseguirla. Su vida austera y la preocupación por los más necesitados le hacían olvidarse de si mismo. A los que le queríamos y conocíamos su forma de vivir, nos preocupaba su salud y atuendo personal. Pero Rufino continuó siempre ejerciendo esa pastoral misionera de acercamiento a la gente de su barrio allí donde se encontraba: en sus calles, en sus plazas, los bares… conociendo sus problemas, sus angustias, sus ilusiones… aunque esta actividad fuera muchas veces incomprendida.

Al poco de morir Franco, siendo Rosón Ministro de Interior, fundó la Asociación de Vecinos con un grupo de vecinos del barrio. Por aquellos años el despacho parroquial fue testigo de reuniones clandestinas, en las que los obreros o sus organizaciones hablaban de sus problemas y de la forma de resolverlos. Era habitual y ocurrió más de una ocasión, que Rufino preparara alguna coartada por si intervenía la Guardia Civil.

Imagen tomada el 20 de febrero de 1990. Gran multitud de vecinos se congregó en la plaza de Rufino para despedir a su querido párroco en la celebración previa al traslado del cuerpo a Cabezuela del Valle, donde descansa junto a su familia. Foto: Archivo Julián Sainero.

Imagen tomada el 20 de febrero de 1990. Gran multitud de vecinos se congregó en la plaza de Rufino para despedir a su querido párroco en la celebración previa al traslado del cuerpo a Cabezuela del Valle, donde descansa junto a su familia.
Foto: Archivo Julián Sainero.

El día de su funeral, que se celebró el 23 de febrero de 1990 en la plaza que lleva su nombre, el recinto estaba abarrotado de gente. Veinte sacerdotes concelebraron la misa y algunos vecinos al terminar la eucaristía, se acercaron al micrófono para manifestar su cariño a aquel cura que les había cautivado. Sus testimonios eran sencillos pero con ellos expresaban el agradecimiento al hombre que les ayudó cuando necesitaban ayuda.

Texto: Julián Sainero

Audios: LLegada de Rufino a Getafe y nombramiento como párroco de La Alhóndiga.

http://www.ivoox.com/charla-rufino-castro-llegada-a-getafe-audios-mp3_rf_2687141_1.html

http://www.ivoox.com/charla-rufino-castro-nombramiento-como-parroco-audios-mp3_rf_2687111_1.html

El Boletín Informativo del Ayuntamiento de Getafe, dedicó la portada de su número 127 al fallecimiento de Rufino de Castro. La noticia, aunque esperada, produjo gran conmoción y tristeza entre buena parte de los habitantes de Getafe. Foto: Archivo Julián Sainero

El Boletín Informativo del Ayuntamiento de Getafe, dedicó la portada de su número 127 al fallecimiento de Rufino de Castro. La noticia, aunque esperada, produjo gran conmoción y tristeza entre buena parte de los habitantes de Getafe.
Foto: Archivo Julián Sainero

Página interior del Boletín Municipal donde se habla del fallecimiento de Rufino de Castro. "Él sabe que solo se ha ido su cuerpo porque su forma de ser se ha quedado en Getafe" Foto: Archivo Julián Sainero

Página interior del Boletín Municipal donde se habla del fallecimiento de Rufino de Castro.
“Él sabe que solo se ha ido su cuerpo porque su forma de ser se ha quedado en Getafe”
Foto: Archivo Julián Sainero

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AQUELLAS NAVIDADES DE ANTAÑO. Amalia Pascual

Escuchando el sonido de fondo del sorteo de la lotería podemos decir que la Navidad, oficialmente, ha dado comienzo…

El “gordo” de la lotería de Navidad nunca ha caído en Getafe, pero a lo largo de los años es verdad que nuestro pueblo ha sido agraciado con algún que otro premio menor. Recordemos que hace unos años tocó algo en el barrio de San Isidro y la que se montó. Pues imaginaros esa algarabía en un Getafe pequeño de apenas 20.000 habitantes en el que casi todo el mundo se conocía. Ocurrió en 1957 y un cuarto premio el 15052 fue vendido por la administración de loterías, la única en aquellos años, que estaba situada en la calle San José. Doña Catalina Ruiz era la propietaria de dicha administración.

No hace falta añadir que Catalina, acompañada de sus dos hijas, Pepita y Linita,  apareció en una foto en la prensa del día siguiente, al igual que otros getafeños incluidos los hijos de Cipriano “El herrero”, al que también le sonrió la suerte en aquel recordado sorteo. El premio estuvo muy repartido en Getafe y os cuento el motivo… parece ser que Carmen y Pilar, hijas del herrero, Carmen Mártín, hija del Sr Lino e imagino que alguna señorita más, repartían casa por casa el Luceat, la hoja parroquial de La Magdalena. Ese año, junto con el Luceat, ofrecieron papeletas de este número, el 15052 y lógicamente, la mayoría de los feligreses jugaban alguna. Felipa, nuera de Cipriano el Herrrero ya que entonces era novia de Luis, aprovechó el pellizco para comprarse gran parte del ajuar y algún capricho. Según cuenta ella, recibió la lotería como regalo de Don Rafael Pazos Pria, párroco de la Magdalena.

Papeletas de este número también se repartieron en el colegio San José de Calasanz y hubo más de una familia que tuvo “el gordo” durmiendo en su casa pero se quedó sin él. El motivo fue que las niñas llevaron las papeletas a su casa pero más de una familia la rechazó por no poder pagar el precio de la misma, supongo que no sería muy cara pero había prioridades y antes que jugarse unos duros en loterías había que comer. El día del sorteo hubo mucha alegría en Getafe pero también más de un disgusto por parte de las familias que habían perdido la oportunidad de mejorar su vida.

Por cierto el sorteo se celebró el 21 de diciembre, sábado y fue el primero que retransmitió la televisión de la época.

El periódico ABC dedicó una página de su edición del 22 de diciembre de 1957 a los agraciados en el sorteo de la Lotería de Navidad.

El periódico ABC dedicó una página de su edición del 22 de diciembre de 1957 a los agraciados en el sorteo de la Lotería de Navidad.

Y pasado el sorteo comienzan los preparativos previos en las cocinas…

Era habitual ver a las madres con las bandejas llenas de bollos, mantecados… que llevaban a cocer a los hornos de las tahonas que entonces existían, la de Pleite, la de Ron, la del Chapi. Es imposible hablar de esto y no recordar aquellas calles y casas impregnadas de ese olor tan cálido y sabroso. La cenas dependían mucho del poder adquisitivo de cada familia pero es verdad que las recordamos con platos especiales. Los pudientes seguro que comerían besugo, merluza y demás pescados que entonces eran exquisiteces solo al alcance de unos pocos. Habría quien también, por tenerlos en sus casas, comerían cordero o pavo. Pavos que también se vendían en aquellas fechas por la calle, sobre todo en las plazas, la del Ayuntamiento, la del Canto Redondo, la de General Palacio. Hay quien también, y era lo más habitual, un simple pollo o gallina en pepitoria ya le parecía un manjar. Los que tenían corral en casa era muy normal que en primavera apartaran algunos para convertirlos en capones, la señora Pigina era una experta en este arte, según dicen y también hubo alguna que otra mujer que “echá palante”, como era muy normal en aquellos años, se atreviera a intentar hacer esta maniobra ella misma. Me han contado una anécdota de una de estas mujeres que, creyendo tener los conocimientos precisos para dicha maniobra, la de capar los pollos, se levanta un día, coge 11 preciosos polluelos, los opera y muy satisfecha se va a hacer la compra. Cuando volvió sus 11 pollos estaban perfectamente capados y también perfectamente muertos. ¡¡Imaginaros el desastre!!

Se pedía el aguinaldo, los niños iban por las casas cantando villancicos y tocando panderetas, zambombas y demás. Pero también era habitual recibir una tarjetita del cartero, del pregonero, del barrendero… con un “su cartero le felicita a usted las Pascuas”. Al hilo de esto hay dos personajes que se hicieron muy populares en aquellos años, lo que no he podido saber es si coincidieron en fechas o uno sustituyó al otro. Ambos recorrían las calles de Getafe enfundados en sendas capas, Olegario tocando el chistu y el tambor y haciendo sonar un gran pandero Antonio “El Talega”. Indudablemente que estos recorridos se hacían con la algarabía y regocijo de los pequeños del pueblo. Como digo son dos personajes que algunos recuerdan y posiblemente Olegario fuera el pionero pero no lo he podido confirmar.

Antiguamente, la forma tradicional de felicitar las Navidades eran las tarjetas y sin duda las de Ferrándiz eran unas de las más utilizadas. Al ver estas imágenes, los que tenemos cierta edad, inevitablemente, nos remontamos a nuestra infancia.

Antiguamente, la forma tradicional de felicitar las Navidades eran las tarjetas y sin duda las de Ferrándiz eran unas de las más utilizadas. Al ver estas imágenes, los que tenemos cierta edad, inevitablemente, nos remontamos a nuestra infancia.

La misa del gallo se sigue celebrando aunque a buen seguro ha cambiado mucho el ambiente que la rodea. Por ahí he leído que dado los atracones de las cenas de antaño más de una vez ocurrió que algún crío, no acostumbrado a digerir semejante cantidad de comida, no pudo aguantar la presión estomacal y las vomitonas en plena celebración eran bastante habituales. Como representaciones religiosas era muy común que los colegios tuvieran su particular Belén viviente en los días previos a la Navidad. Yo recuerdo uno en particular del colegio Santa María Magdalena, conocido como “el matadero” en el que me tocó hacer de Vírgen, posiblemente fuera en la Navidad de 1964 y después lo repetimos en Los Escolapios, en un festival donde además cantamos canciones y nos sentimos estrellas por un día.

Los festivales de las empresas también suponían una gran fiesta para los niños que tenían el privilegio de que su padre perteneciera a alguna de ellas. Son muy recordadas las de Construcciones, Ericcson… en ellas los hijos de los trabajadores recibían en medio de una gran fiesta la visita de los Reyes con algún pequeño juguete que muchos aún recuerdan a pesar de los años transcurridos.

No recuerdo decoración en las calles, ni luces ni demás, pero sí algunos Belenes que algunas familias montaban en sus casas y allí íbamos amigos y conocidos a admirar tan bellas obras. Igualmente estaban los corderitos de la Bejarana, en la calle Madrid, haciendo las delicias de los pequeños con sus caritas pegadas a los cristales del escaparate viendo a los animalitos, claro que no sabíamos que les quedaba poco de vida si no posiblemente hubiéramos montado alguna que otra pataleta en defensa del cordero.

El día de los inocentes era otro día de fiesta popular, la de bromas que se hacían entre vecinos y amigos. Imaginaros ir casa por casa diciendo que una vecina se había puesto mala y que no tenía manzanilla y ver a las vecinas de la calle con su taza de manzanilla yendo a socorrer a la pobre mujer. O igualmente recorrerse las casas pidiendo sillas para otra vecina a la que le había llegado familia y no tenía donde sentarlas y de nuevo, las buenas mujeres recorriendo la calle con sus sillas camino de la vivienda en cuestión. Claro está que a todo esto la bromista se regocijaba detrás de la cortina viendo las idas y venidas de sus vecinas y las caras de cabreo de las mismas.

Texto: Amalia Pascual (Extracto del programa “Getafe, mucho por descubrir” emitido el 17 de diciembre de 2012 en GetafeVoz)

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MI INFANCIA EN EL BARRIO. Pedro M. Tielve Cedillo

 

Mi padre era asturiano y mi madre toledana, mi padre estuvo trabajando en Bilbao y por esta razón yo nací en Baracaldo.

Mi familia se trasladó a vivir a la Alhóndiga a finales del 60 o principios del 61. Mi padre trabajaba en la Uralita, a la cual iba en bicicleta, ya que por aquel entonces había pocos coches aunque recuerdo que un vecino tenía un carromato de esos de tres ruedas.

Elvira Cedillo, la madre del autor, en una fotografía tomada en la calle Eugenio Serrano a principios de los años 60. Las casas del fondo pertenecen a la calle Buenavista. Foto: Archivo Pedro M. Tielve

Elvira Cedillo, la madre del autor, en una fotografía tomada en la calle Eugenio Serrano a principios de los años 60. Las casas del fondo pertenecen a la calle Buenavista.
Foto: Archivo Pedro M. Tielve

Como yo nací en 1959, no tengo recuerdos claros de la Alhóndiga de los primeros años 60. El colegio Ciudad de Getafe aún no se había construido; Los pisos que entonces los conocíamos como “de neveras” (dicen que los mandó construir Kelvinator para sus trabajadores) tampoco, yo contaría con unos 7 u 8 años cuando se empezaron a construir.

Me viene a la memoria un coche con forma de huevo, que estuvo abandonado por aquel entonces en lo que hoy es el Paseo Alonso de Mendoza. Lo que hoy es la plaza Tirso de Molina, entonces era un gran descampado, muy apto para jugar. Por aquel entonces no me importaba el barro y los juguetes escaseaban, pues en mi casa éramos muchos hermanos.

Mediados de los años 60, tiempo de verano. Un grupo de niños juega tranquilamente en la acera que, posiblemente, estuviera recién hecha. Al fondo una estampa típica de aquellos años, una silla de enea a la puerta de la casa espera a la reunión habitual de vecinos en las tardes de verano. La imagen fue tomada en la calle Eugenio Serrano. Foto: Archivo Pedro M. Tielve

Mediados de los años 60, tiempo de verano. Un grupo de niños juega tranquilamente en la acera que, posiblemente, estuviera recién hecha. Al fondo una estampa típica de aquellos años, una silla de enea a la puerta de la casa espera a la reunión habitual de vecinos en las tardes de verano.
La imagen fue tomada en la calle Eugenio Serrano.
Foto: Archivo Pedro M. Tielve

Había tres o cuatro casitas antes de cruzar la vía hacia la calle Polvoranca, la cual no estaba asfaltada. A la izquierda de la citada calle ponían la plaza de toros y a la derecha estaba la huerta, (que estuvo allí muchos años).

Volviendo al barrio, yo vivía en la calle Eugenio Serrano y recuerdo pasar todos los días al lechero, pero me baila la memoria, no recuerdo si venía con un cuatro latas, o con un carro con una mula.

En los descampados (que entonces había muchos) habían palos donde se tendía la ropa. A principio de los 60, el barrio no tenía alcantarillado, en las casas había pozos ciegos; Al agua potable le pasaba lo mismo, había que ir a por ella hasta la fuente de la calle Estudiantes.

El autor del relato posando en la calle Eugenio Serrano. La imagen corresponde a mediados de los años 60. Foto: Archivo Pedro M. Tielve.

El autor del relato posando en la calle Eugenio Serrano. La imagen corresponde a mediados de los años 60.
Foto: Archivo Pedro M. Tielve.

A principios del 70, dejamos el barrio y nos trasladamos a la calle Pizarro, por azares de la vida yo regresé en el 98 y es aquí donde sigo viviendo. Me vienen a la memoria las palabras de un poeta getafense, disculparme pues no recuerdo su nombre, que escribió: “Aquel Getafe entrañable que se nos fue con los años…” Y es que aunque el barrio era muy humilde, sus vecinos eran muy buena gente.

 

Texto: Pedro Manuel Tielve Cedillo

Fotos cedidas por el autor.

 

(Nota: observando las fotos en las que se ve la acera, nos parece apreciar que esta se encontraba en construcción. Si es así tenemos un dato importante ya que podríamos decir que, aunque la calle Eugenio Serrano seguía sin asfaltar,  la acera se realizaría en aquella fecha)

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ENTREVISTA A JAMAL MRABET, para la revista “Mujeres con ilusiones”

La revista “Mujeres con ilusiones” editada en el C. C. Alhóndiga nos ha permitido, muy amablemente, la publicación de esta entrevista a Jamal Mrabet. Con ello emprendemos una nueva línea de trabajo en la que incluiremos entrevistas a vecinos y vecinas que quieran contar su historia vinculada al barrio. Historias pasadas o actuales, con todas ellas seguimos construyendo historia, nuestra historia.

Imagen de Jamal en el salón de actos del antiguo centro cívico, actualmente "Casa del barrio" de la calle Maestro Arbós. En el juvenil grupo se encuentra Meme, actual directora del C. C. Alhóndiga. La foto está tomada alrededor del año 1987.

Imagen de Jamal en el salón de actos del antiguo centro cívico, actualmente “Casa del barrio” de la calle Maestro Arbós. En el juvenil grupo se encuentra Meme, actual directora del C. C. Alhóndiga. La foto está tomada alrededor del año 1987.

Iniciamos la tirada de este curso con la entrevista a unos de los vecinos de la Alhóndiga, Jamal Mrabet, que como otros muchos vino a nuestro barrio de otras tierras para formar parte  de él. Nos ha traído una fotografía de las actividades que se realizaban en el antiguo centro de la Alhóndiga, allá por los años ochenta. Entre el grupo de jóvenes encontramos a Meme, la nueva directora del Centro, que por aquello años su destino estaba aquí.

-. ¿Cómo llegaste a este barrio de Getafe?

Vine  porque mi padre vivía aquí en la calle Batres. Llegué con 11 años.

-. ¿Cuál es tu procedencia?                                      

Nací en Tanger en el año 1973, Marruecos.

-. ¿Por qué emigraste?

Vine con mi padre. MI abuelo trabajaba en la embajada, que estaba en la calle Jorge Juan de Madrid , y éste se trajo a mi padre para trabajar aquí. Vine directamente a Getafe porque aquí estaba mi padre.

-. ¿Cuál ha sido tu relación con la Alhóndiga?

Participaba en los talleres del Centro Cívico como en los de piel, cuero…Luego participaba en las fiestas como puede verse en la foto que os he traído. Ayudaba en todo como participar en montar las primeras fiestas de San Isidro.

Conozco a la mayoría de los directores y coordinadores por hacer talleres en los distintos centros.

-. ¿Recuerdas algún caso curioso o anécdota que te ocurriera en este Centro?

En unas fiestas del barrio, estaba  con cinco  amigos y les empecé a hacer unas pulseras con su nombre en árabe. Cuando terminé, vi con asombro que había una cola enorme para que les hiciera lo mismo. Nunca pensé que realizar pulseras con el nombre en árabe llamara tanto la atención. La gente tenía curiosidad de tener su nombre en árabe.

-. ¿Cómo fue tu adaptación al llegar a España?

Aprendí todo en España. Cuando llegué aquí empecé a estudiar en la escuela de adultos con Maruja en el año 87 en el Centro Cívico. Era un niño de 11 años con mayores.

Cuando llegué no sabía el idioma y recuerdo que mi padre me dio unas pesetas para ir a por el pan donde Juani y fui memorizando todo el camino lo que me había dicho mi padre “ una barra de pan” , Jaja todavía no sabía el idioma.

Luego fui a la Casa de la Cultura para conseguir el graduado escolar.

-. ¿A qué te dedicas actualmente?

Tengo un bar en la calle Garza, el “Bar Siglo XXI”. Al principio lo monté junto con un socio, pero ahora lo regento yo. Tengo contratadas a varias personas a las que conozco hace tiempo.

Aunque la gente no conoce el bar con ese nombre. Los de la Alhóndiga cuando van a tomar algo dicen “ voy al bar de Jamal”

Realice talleres en artes gráficas y en hostelería. Aunque descubrí mi empleo por casualidad. Entré por hacer un favor a unos amigos en la bar “La Gloria” y me gustó. Allí estuve once años. Luego fui pasando por varios bares, como en el bar del Centro Cívico la Alhóndiga que estuve cuatro años, hasta montar el mío propio.

Estoy casado. Cuando eran las vacaciones regresaba a Marruecos para ver a la familia y allí conocí a mi mujer. Tengo dos hijas que han nacido aquí.

Ahora vivo en Griñón, donde pude encontrar una casa que se adaptaba a las circunstancias. Pero sigo viniendo  a Getafe donde se encuentra mi trabajo y mis amigos. Estoy muy vinculado a este barrio.

Jamal Mrabec. El protagonista de la entrevista en una imagen tomada durante la misma en el C. C. Alhóndiga.

Jamal Mrabec. El protagonista de la entrevista en una imagen tomada durante la misma en el C. C. Alhóndiga.

 

 

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MI BARRIO. Rosa Serrano Martín, 4ª parte y final.

Mientras tanto el barrio seguía su marcha…

Con la llegada de los socialistas al poder, llegaron los centros cívicos, todo estaba vivo y las gentes del barrio se implicaban en los temas que fuesen. Ninguno de nosotros se ha sentido nunca tan vivo como entonces.

Abril de 1992. El barrio se moviliza ante el derribo de los barracones que acogían a la Asociación Cultural San Rafael. Foto: Archivo Julián Sainero.

Abril de 1992. El barrio se moviliza ante el derribo de los barracones que acogían a la Asociación Cultural San Rafael.
Foto: Archivo Julián Sainero.

En esos años Pedro Castro era el director de la casa de la cultura. El alcalde se llamaba Jesús Prieto, un buen alcalde, pero estuvo poco tiempo, las cosas no le fueron bien y se marcho a Merca Madrid como asesor y Pedro Castro pasó a ser el alcalde. Castro vivía en este barrio, tal vez por eso nos escuchaba cuando le pedíamos algo para la escuela, conmigo siempre fue muy amable, era humano, hasta que se hizo político y empezó a mentir y como todos iba a su bola.

La vida siguió su curso y los chicos que daban las clases en la escuela empezaron a tener problemas con el trabajo y diferentes criterios y como todo tiene un fin cada uno siguió su camino. Rafa Caño pasó a ser director del centro cívico, Carmen saco las oposiciones y la trasladaron a Parla junto con Marta. En ese tiempo y después de mucho luchar conseguimos que nos diesen un módulo prefabricado y no lo pusieron en la calle Rusiñol. Al frente quedaron Miguel Ángel Magro y Rito.

Los chicos se hicieron mayores y llegaron otros, pero las cosas no fueron igual, yo tuve que quitar la tienda y cogí un bar, ya no tenía tiempo para nada. Mientras, el barrio siguió su marcha, la ermita se tiró y empezaron las obras. Un mal día, no recuerdo bien el año, por el 1993 más o menos, José Manuel se fue a dormir la siesta y no se levantó más, otro cura que se nos fue sin conocer la ermita terminada y dejando al pobre Víctor un cacao tremendo. Se quedó solo y nunca vi llorar a un hombre con tanto desconsuelo pues era un buen cura y era querido por todos y Víctor pasó a ser nuestro nuevo párroco. Después llegaron Fernando y Luis.

El recordado Jose Manuel, párroco de San Rafael. Estuvo poco tiempo en el barrio, debido a su prematuro fallecimiento, a pesar de eso dejó una gran huella entre los vecinos. Foto: Archivo Julián Sainero.

El recordado Jose Manuel, párroco de San Rafael. Estuvo poco tiempo en el barrio, debido a su prematuro fallecimiento, a pesar de eso dejó una gran huella entre los vecinos.
Foto: Archivo Julián Sainero.

Como todo cambia, nuestro joven cura Víctor junto con Fernando, se nos fueron a Brasil, a prestar su ayuda a los más necesitados. Entonces llegaron Pepe y el joven Josechu, dos polos opuestos, uno era francés, con gran dificultad en el idioma y el otro sevillano, que popurrí de curas, si uno es muy serio el otro se arranca por sevillanas y listo, que salado nos ha tocado en suerte, gracias a los dos por ser como sois que os quedéis mucho tiempo, como don Rufino, para siempre. También tenemos un tercero, este es americano de Boston, es muy simpático pero se le atranca el castellano.

En este barrio las huelgas las vivíamos como en ningún sitio, aquí se luchó por las libertades de los obreros. La vida era igual para todos, cada uno salía adelante como dios quería. Hoy creo que estamos más divididos y somos más individualistas, más reservados y egoístas, pero yo sigo queriendo a Mi Barrio y a sus gentes, aunque echo de menos a mis chicos, como yo les llamaba y me da mucha alegría cuando los veo.

Sufrí mucho pero crié a mis tres hijos y el más pequeño lo tengo enterrado aquí. En este barrio  tengo mi casa, mis amigos más queridos, aquí me siento protegida y arropada y aquí seguiré, viviendo en el mejor barrio de Getafe, La Alhóndiga.

Rosa Serrano, autora del texto. Imagen tomada durante un recital poetico celebrado en el C.C. La Alhóndiga el pasado año.

Rosa Serrano, autora del texto. Imagen tomada durante un recital poetico celebrado en el C.C. La Alhóndiga el pasado año.

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MI BARRIO. Rosa Serrano Martín. 3ª parte.

Don Rufino y los curas de San Rafael

Retomo otra vez la parroquia. Todos nos dimos cuenta de la clase de cura que teníamos. Don Rufino. Ese extremeño que se le salía el corazón por las sandalias. No le importaba que los desocupados del barrio le criticaran porque frecuentara los bares. Él sabía lo que se traía entre manos. Su preocupación principal era que sus vecinos tuviesen un trozo de pan para sus hijos. Que le buscaban porque se moría alguien, a lo mejor no estaba. Después de todo, esa persona ya no necesitaba nada, los vivos sí. Que tenía una boda y llegaba tarde, seguramente que estaba reunido con alguien para que le diesen trabajo a un vecino. Que la boda esperase, los niños cuando tienen hambre no esperan. Lo más importante para él eran sus feligreses. Don Rufino ante todo era un buen hombre, un caballero, un ser humano como la copa de un pino y después, cura.

Bueno, pues este cura estaba decidido a conseguir que la ermita fuese restaurada, pero los gobernantes de la época no estaban por la labor. La declararon patrimonio artístico del barrio. Pero sí sí, no sabían con quién se estaban metiendo los políticos de la época. Se formó una comisión de vecinos del barrio para ir a la vicaría de Madrid, con Don Rufino al frente, claro está. Después vino el vicario al barrio, nos daba muy buenas palabras, pero hechos ninguno. Pero nosotros erre que erre. Por fin, un buen día se nos dice que la ermita será reconstruida por fin. ¡Qué alegría tan grande! pero ellos no soltarían ni un duro. Bueno, pues se formó un grupo para recoger dinero para cuando se empezase a construir la vieja ermita. Todos los vecinos colaboramos en lo que pudimos. Todavía recuerdo la última Navidad que oímos la Misa del Gallo con los paraguas abiertos dentro de la ermita. Pero qué felices estábamos todos. Recuerdo que después nos fuimos al despacho de la calle Estudiantes y todos juntos celebramos la Nochebuena. Bailando y cantando villancicos.

Finales de la década de los 80.  Curiosa imagen de un día de lluvia en Getafe. Las filtraciones originadas por el pésimo estado del tejado de la ermita de San Rafael, hacen necesario celebrar la Eucaristía bajo el cobijo de los paraguas. Foto: Archivo fotográfico C.C. Alhóndiga

Finales de la década de los 80.
Curiosa imagen de un día de lluvia en Getafe. Las filtraciones originadas por el pésimo estado del tejado de la ermita de San Rafael, hacen necesario celebrar la Eucaristía bajo el cobijo de los paraguas.
Foto: Archivo fotográfico C.C. Alhóndiga

Entre tanto nos llegó otro cura más joven. Se llamaba José Manuel y era un tío estupendo, como cura y como persona. Si Don Rufino era chiquitito, José Manuel era un hombre grande, fuerte y muy simpático y cordial. Muy buena gente. En ese tiempo Don Rufino se puso pachucho y después de varios ingresos Don Rufino, el pequeño extremeño, el cura de los pobres, el cura del pueblo, del barrio de La Alhóndiga, nos dejó. Todos le lloramos. El fervor de ese día no lo olvidaré nunca. El respeto y el cariño del barrio salió a la calle y todos juntos le lloramos unidos. Lo mismo que vivimos con él, también lloramos su ausencia. Descanse en paz el pequeño extremeño.

José Manuel se quedó solo, pero en ese tiempo que llevaba con nosotros también se hizo querer por todos. Yo tuve la suerte de tratarle bastante. Muchos días desayunábamos juntos en La Perdiz. Tenía un cochecito rojo pequeño con el que se movía de un lado a otro. Daba clase en el instituto, recorría todos los domingos a sus viejitos como él decía, las daba la comunión y se venía a desayunar. Me contaba cosas entrañables que ellos le contaban, también le contaban sus chistes. Recuerdo un día que detrás de él entró un chico joven más bajo que él y con barba, muy tímido. Me le presentó: “Mira Rosa, éste es Víctor, mi nuevo compañero”. El pobre Víctor estaba cortadísimo. “Encantada de conocerte, Víctor. Pero no seas tímido, hombre, que estas entre amigos”. José Manuel se estaba partiendo de la risa. Un nuevo y joven sacerdote, pero tan comprometido como los anteriores, llegaba a la parroquia.

Continuará…

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MI BARRIO, Rosa Serrano Martín, 2ª parte.

MI BARRIO. Rosa Serrano Martín

Continuamos con el trabajo sobre el barrio realizado por la autora en el año 2003 para la escuela de adultos del C. Cívico Alhóndiga.

Nacimiento de la Asociación Cultural San Rafael.

En el setenta y cinco ya funcionaba la escuela de adultos en la casa baja. En noviembre muere Franco y las cosas empezaron a cambiar. Los jóvenes tantos años reprimidos se movilizaron: unos por la política, otros por la cultura y la misma política, otros se desmadraron, cada uno cogió su camino. Empezaron las asociaciones de vecinos, de grupos culturales por los barrios. Los jóvenes tenían la palabra y la aprovecharon, claro que sí. Aquí en mi barrio, en la escuela de adultos llegaron unos chicos que estaban estudiando magisterio, otros tenían la carrera terminada, otros estaban dando clase. Este grupo estaba compuesto por las hermanas González – Carmen y Moli -, Javi, Jesús y Marta. Estos chicos junto con Julián y Concha Sainero y Don Rufino, deciden un día trabajar con niños de cinco a catorce años, todo de forma gratuita. Ellos cuidaban de que los críos hicieran los deberes y al mismo tiempo cogían práctica. Porque en este país mucha tontería, pero la mayoría analfabetos como yo, sin ir más lejos. Con la movida de la democracia, la gente que como yo teníamos inquietudes nos agrupábamos rápido a lo que fuera.

En este barracón se llevó a cabo durante varios años una gran labor no solo cultural sino también social, con buena parte de jóvenes y niños del barrio de la Alhóndiga. En abril de 1992, con su desmantelamiento, la actividad de la Asociación vio tristemente finalizada su actividad. Foto: archivo Julián Sainero.

En este barracón se llevó a cabo durante varios años una gran labor no solo cultural sino también social, con buena parte de jóvenes y niños del barrio de la Alhóndiga. En abril de 1992, con su desmantelamiento, la actividad de la Asociación vio tristemente finalizada su actividad.
Foto: archivo Julián Sainero.

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